El circuito Seven Summits se ha popularizado al extremo en las últimas décadas. Hay cinco cumbres, en cinco continentes, que no presentan dudas. Pero en Oceanía y Europa, cuatro candidatas se “disputan” dos lugares. Más allá de lo arbitrario del asunto, es un desafío que a muchos abre las puertas del alpinismo, y que genera mano de obra genuina en países periféricos. 
Todo el panorama hacia el polo Sur, en Vinson, Antártida, la más remota de las Seven Summits. (Ph Tomás Ceppi)
Todo el panorama hacia el polo Sur, en Vinson, Antártida, la más remota de las Seven Summits. (Ph Tomás Ceppi)

El muy promocionado desafío de montaña conocido como “Seven Summits”, o «Siete Cumbres», cada una la más alta del continente (aproximadamente) donde se erige, cobró fama en las últimas décadas. 

Si bien la mayoría de esas montañas no representan un reto técnico o físico de excepción, escaladores de todos los orígenes se motivan y entusiasman por lograr el ciclo, y exhibir su personal objetivo. 

El problema es que, en realidad, y según cómo se considere, se puede tratar de nueve cumbres en lugar de las consabidas siete. 

Todo comenzó hace unos 30 años cuando Richard Bass y Franck Wells pergeñaron el “concepto” de las 7 cumbres. De hecho, Bass fue el primero en lograr ascender todas, en 1985. 

Atardece en el campo 2 de Aconcagua, la Seven Summit de Sudamérica. (Ph Tomás Ceppi)
Atardece en el campo 2 de Aconcagua, la Seven Summit de Sudamérica. (Ph Tomás Ceppi)

Pero años más tarde surgió una controversia sobre cuál es la lista real de las 7 cumbres.  

Cinco de los siete picos de la nómina más conocida son inequívocos: Everest, Aconcagua, Denali, Kilimanjaro y Vinson son, sin lugar a dudas, los puntos más altos de Asia, Sudamérica, Norteamérica, África y Antártida.  

No es tan amplio el consenso en cambio acerca de Elbrus y Carstensz como los otros dos miembros del club, como los montes más elevados de Europa y Oceanía. Para ambos, dos montes les disputan el sitial: Mont Blanc y Kosciuszko como sexta y séptima cumbre. 

Dos listados 

El gran Reinhold Messner “certificó” a la pirámide Carstensz y a Elbrus, y su autorizada palabra sustenta la preferencia por el listado que las incluye, al que llaman “lista Messner”. A la otra, la de Kosciuszko, se la conoce como “lista Bass”. 

Denali en Alaska, Estados Unidos de Norteamérica. (Ph Tomás Ceppi)
Denali en Alaska, Estados Unidos de Norteamérica. (Ph Tomás Ceppi)

El tan emblemático Mont Blanc, máxima altura de los Alpes, cuna del montañismo, respetado y preciado por alpinistas de todo el mundo, reclama su lugar entre las Summits, pese a tener 832 metros menos que el Elbrus. 

Algunos incluso promueven el Mont Blanc como máxima cima de la Unión Europea (organización que no integra Rusia. Pero el criterio se aleja de los parámetros del alpinismo para ceñirse a cuestiones políticas que no concuerdan con la discusión.

En el caso de Oceanía, la disyuntiva es bastante más llana. En realidad, lo que se esgrime es que Australia en sí mismo constituye un continente, o más bien el sector continental de Oceanía. Y en ese enorme país, Kosciuszko es el que más alto se erige con sus humildes 2.228 metros. 

Pero si se contempla a la Oceanía “total”, de carácter eminentemente insular con sus innumerables archipiélagos, la pirámide Carstensz o Puncak Jaya en Indonesia, no tiene rival continental: 4.897 metros. 

Trabajoso transcurso en la Pirámide Carstensz, en Indonesia, representante oceánica en las Seven Summits. (Ph Tomás Ceppi)
Trabajoso transcurso en la Pirámide Carstensz, en Indonesia, representante oceánica en las Seven Summits. (Ph Tomás Ceppi)
Alpinismo de luxe 

En tal caso, más allá de debates de poca monta, las Seven (o Nine) Summits no dejan de ser un listado arbitrario de bellos montes que en su mayoría simbolizan más de lo que en realidad son, en términos de alpinismo.  

Es un circuito ultra comercializado, casi industrial, que genera la circulación de centenares de montañistas por el mundo en busca del logro, munidos de gran entusiasmo y frondosas cuentas corrientes. 

Por lo demás, más allá de los méritos que cada uno acredite a las Seven Summits, su existencia provoca dos excelentes consecuencias para el mundo de la montaña. Por un lado, despierta la vocación alpinista en montañas de baja dificultad (casi todas, insistimos) como escalón previo a animarse a otros desafíos más exigentes. En tanto, los ascensos a las siete o nueve cumbres generan mano de obra montañera de magnitud allí donde se encuentran. Así contribuyen significativamente en las economías de esos países, salvo excepciones en su mayoría muy castigados por su situación relativa en el contexto mundial. 

El majestuoso Mont Blanc, merece un espacio en las Seven Summits. (Ph Gonzalo Dell'Agnola)
El majestuoso Mont Blanc, merece un espacio en las Seven Summits. (Ph Gonzalo Dell’Agnola)
Las Seven más dos 

Asia | Everest | Nepal/China | 8.848 m 

América del Sur | Aconcagua | Argentina | 6.962 m 

América del Norte | Denali | EE. UU. Alaska | 6.195 m 

África | Kilimanjaro | Tanzania | 5.963 m 

Europa | Elbrus | Rusia | 5.642 m 

            |Mont Blanc | Francia/Italia | 4.810 m 

Antártida | Vinson | 4.897 m 

Oceanía | Pirámide Carstensz | Indonesia |4.884 m 

              | Kosciuszko | Australia | 2.228 m

(Ph de portada: Everest, Tomás Ceppi)
A pocos pasos de la cumbre de Elbrus, la Seven Summits de Europa. (Ph Tomás Ceppi)
A pocos pasos de la cumbre de Elbrus, la Seven Summits de Europa. (Ph Tomás Ceppi)