En el mundo de la montaña de gran altura, donde cada decisión puede ser la diferencia entre la cima y el abismo, hay profesionales que trabajan lejos de las luces de escena, pero resultan determinantes.
Gisela Toledo es una de ellas. Kinesióloga y fisiatra formada en la Universidad de Buenos Aires, su recorrido profesional la llevó mucho más allá de los consultorios tradicionales. Hoy es una referencia en rehabilitación deportiva aplicada a montañistas y atletas de alto rendimiento que buscan rendir en condiciones extremas.
Nacida en Buenos Aires, su vínculo con la montaña no fue inmediato. “Es muy loco”, recuerda en su diálogo con CUMBRES. “Las primeras montañas que subí fueron bajitas, en Venezuela, luego en Sudáfrica, pero en todos los lugares donde viví siempre la montaña me llamó”.
Esa atracción terminó definiendo su rumbo. Tras especializarse en traumatología deportiva, comenzó a trabajar con deportistas de élite y a profundizar su formación en medicina de montaña, un campo donde encontró su verdadera vocación.
Cerca del sol
Su base actual está en Quito, donde llegó inicialmente por un reemplazo laboral que debía durar un año. Nunca se fue. Allí fundó su empresa SportFIX, centrada en la rehabilitación deportiva, pero con una impronta clara: la innovación constante.
A la terapia manual tradicional sumó tecnología de punta, desde cámaras hiperbáricas hasta equipos de medicina regenerativa como la diamagnética, con los que, según explica, es posible acelerar notablemente la recuperación de lesiones.
Sin embargo, el salto conceptual en su carrera llegó con la simulación de altura. Toledo no se conformó con utilizar tecnología existente: decidió desarrollarla.
Junto a un equipo de ingenieros, creó un sistema que combina hardware y software para simular condiciones de hasta 9.000 metros de altitud, superando los límites habituales del mercado. “La gente no sabe cómo entrenar en altura”, explica, y por eso diseñó una aplicación que guía protocolos específicos según el objetivo del usuario.
Ese desarrollo, que se presentará próximamente bajo la marca PneumoPeak, tiene aplicaciones que exceden el montañismo. Si bien está pensado para expediciones a grandes cumbres -con programas de hasta seis meses que incluyen simulaciones de “zona de la muerte” y adaptación progresiva-, también se utiliza en deportes de resistencia y en ámbitos vinculados a la longevidad. “Estos estresores pequeños de cambios de altitud mejoran la célula para una vida más sana”, sostiene.
El apoyo crucial
Los resultados en campo respaldan la propuesta. El gran montañista suizo/ecuatoriano Karl Egloff utilizó este sistema para entrenar antes de su récord de velocidad en el Makalu, sin necesidad de aclimatación tradicional en montaña. “Te acorta los tiempos y te expone menos a enfermedades o lesiones”, resume Toledo, aunque aclara que la técnica en terreno sigue siendo indispensable.
Más allá de la tecnología, su vida personal también está marcada por decisiones poco convencionales. “Todo lo que hago es porque van saliendo las cosas y se van dando”, afirma. Gisela construyó una carrera global que incluye capacitaciones en África, donde formó y forma a personal sanitario en contextos donde la rehabilitación ni siquiera es una disciplina formal.
Pero hay un punto de inflexión que conecta su historia con una de las tragedias más resonantes del alpinismo. La muerte del navarro Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna despertó en Toledo una inquietud científica profunda. “Era una persona fuerte y prudente”, señala, y su fallecimiento en el descenso la llevó a investigar a fondo los efectos de la altura en el organismo. Ese camino derivó en estudios propios con cientos de voluntarios y en el contacto con Zigor Madaria, el reconocido cardiólogo que desarrolló la hipótesis de que el montañista sufrió un ACV previo al edema.
Ese episodio no solo consolidó su interés por la fisiología de altura, sino que también generó un vínculo humano. Toledo mantiene contacto con la familia de Ochoa y planea destinar parte de los ingresos de PneumoPeak a la fundación SOS Himalaya. Una forma de devolver a la montaña algo de lo que la montaña le dio: propósito.
En ese cruce entre ciencia, experiencia y pasión, Gisela Toledo construyó una carrera singular. Una profesional que no escala cumbres por protagonismo. Pero que, desde el campo base -o desde la simulación-, ayuda a que otros lleguen más lejos y más alto.














