Con el espíritu aventurero y el interés en la lectura de las hazañas y exploraciones de los sabios, y seducidos por la belleza de las montañas, los ecuatorianos descubren un anhelo común. Un grupo de empleados forma en Quito en 1944 el primer club, la “Agrupación Excursionista Nuevos Horizontes”. Una organización creada con normativas, disciplina y cuidado de la naturaleza, integrando a las familias y la juventud. Se abre un panorama lleno de salidas a la montaña.
Parte II
Por Franklin Velasco-Garcés (*)
Seguidores nacionales. Primeros clubs. Primeros ascensionistas

Con el espíritu aventurero y el interés en la lectura de las hazañas y exploraciones de los sabios, y seducidos por la belleza de las montañas, los ecuatorianos descubren un anhelo común.
Un grupo de empleados forma en Quito en 1944 el primer club, la “Agrupación Excursionista Nuevos Horizontes”. Una organización creada con normativas, disciplina y cuidado de la naturaleza, integrando a las familias y la juventud. Se abre un panorama lleno de salidas a la montaña.
Paralelamente, en el antiguo colegio jesuita San Gabriel, nace el “Club Ascensionismo”, con similares estructuras de escuela de montaña y disciplina. Pasan dos décadas y empiezan a aparecer otros grupos y clubes independientes destacando el de la Universidad Católica y el más innovador, el Club de Andinismo Politécnico.
“Nuevos Horizontes” comienza a imponerse grandes retos, conquistando los más altos nevados del país. En lo más temprano de las mañanas, estos aventureros desfilaban por el Quito clásico como seres raros y figuras extrañas por sus atavíos, amplios pantalones de pura lana, enormes botas, chompas de lona, parkas con capucha, gafas de soldador, cabos de manila (cuerdas). Cargando descomunales mochilas y novedosos picos delgados (piolets).
Más tarde se asimilaron e importaron equipos que traían los expedicionarios extranjeros. Esta escena se volvió frecuente y fue la característica para identificarles por primera vez con el calificativo “andinistas”, término que aún no se incluía en el diccionario de la Academia.

Se despierta un ambiente de admiración y alegría, con noticias de éxitos de estos singulares hombres y mujeres de coraje, al mismo tiempo que incomprensibles de entender cómo se exponen a los rigores de las alturas. Se vuelven ídolos.
Hacia otros destinos
Cuando el hombre ya conoce su medio y su país, sale de las fronteras y busca lo misterioso y mayor. El andinista que ha dominado las cumbres circundantes, anhela más distancia y más altura.
En junio de 1967, las noticias amanecen con el éxito de cinco andinistas de “Nuevos Horizontes” que habían logrado la cima del gran Huascarán, en el Perú. Empieza una etapa de ascensiones a la cordillera Blanca, desplegando andinistas de los clubes quiteños y de provincia.
Hasta que en enero de 1969, un grupo de ocho se desplaza a Chile y de ahí a la Argentina, para intentar celebrar sus Bodas de Plata de fundación, ascendiendo el gigante “Centinela de Piedra”, el Aconcagua.
Su preparación y organización, así como el gran nivel alcanzado por sus integrantes, no dejó esperar al éxito, alcanzando la cima de América seis de ellos. Se llegaba a la barrera de los 7.000 metros de altura.
Fue el punto de partida para sucesivas expediciones de ecuatorianos que alcanzaron esta cima. Una de ellas, en 1972, coloca en la historia a la primera mujer en su cumbre. Ya se cuentan numerosos andinistas con éxito de cumbre en el Aconcagua.

El “Ascencionismo del colegio San Gabriel”, formó su juvenil expedición a los Alpes, conquistando el Cervino y el Mont Blanc. Años más tarde, corona el entonces McKinley en Alaska, hoy denominado Denali.
La difusión de los detalles, con ribetes de hazaña, llegó a otros grupos de la juventud, contagiándoles de ese espíritu de ampliar fronteras en sus proyectos. Sucesivamente se dieron triunfos en la cordillera Blanca peruana, en los más altos e imponentes cerros bolivianos, formando una generación de andinistas con enorme proyección y desarrollo de este deporte.
El “Club de Andinismo Politécnico” logra integrar extraordinarios montañistas jóvenes que alcanzan las más difíciles rutas y cimas aún vírgenes en los Andes ecuatorianos. También fue exitoso en expediciones al exterior.
Para la década del ‘70 ya se registran expediciones a los volcanes nevados de México y Colombia. Crece la figura del histórico y pionero internacional Marco Cruz, quien ya disponía de una impresionante experiencia en los Alpes, guiando en Groenlandia, en Denali, Kilimanjaro, Cáucaso y también Himalaya. Cruz, maestro de la escalada y guía profesional, funda una operadora que alcanza prestigio en el mundo escalador. Su récord personal es grandioso, enriquecido por su particular cultura y carisma.
Generación Himalaya y Seven Summits
Estos antecedentes de historia y ejemplar etapa de desarrollo del andinismo ecuatoriano, provoca un inmediato repunte con una nueva generación de deportistas de montaña que cumplen los más altos retos en el Himalaya.

Aparecen las grandes escaladas de Iván Vallejo, soñador y superdotado de espíritu y capacidad física que enfrenta las más altas montañas del mundo. Se convierte en el primer ecuatoriano en conquistar el Everest, con la particularidad de hacerlo sin ayuda de oxígeno suplementario.
Emprende y logra entre 1977 y 2008 la conquista de los catorce ochomiles, ubicándose en el puesto catorce del cronológico de escaladores en el “techo del mundo”.
Al mismo tiempo que séptimo entre los conquistadores sin oxígeno, lista que empieza con la celebridad de Reinhold Messner. Orgullo ecuatoriano sin precedentes en el mundo del deporte en general.
Seguidamente y casi en paralelo, Carla Pérez, extraordinaria escaladora con triunfos en Perú, Bolivia y los Alpes, donde no solo se perfecciona en las artes de la escalada sino que también culmina sus estudios superiores en ciencias de la Tierra.
Ella, integrante del grupo “Somos Ecuador” que forman Vallejo y otros jóvenes, alcanza en el 2016 la cima del Everest, colocándose como la primera latinoamericana que hace cumbre sin oxígeno. Y la sexta en el mundo con esta particularidad muy destacable. Luego, asimismo sin oxígeno, conquista dos ocho miles, el Cho Oyu y el temible, mítico y difícil K2.
Con Carla, conjuntamente y en otras similares o independientes, llegan a la cima del mundo Esteban “Topo” Mena, Joshua Jarrín, Oswaldo Freire, Patricio Tisalema, Santiago Quintero y otros que se convirtieron en guías profesionales con certificación internacional.
Dentro de este grupo se acumulan éxitos de escalada de las paredes más difíciles y riesgosas del mundo, como la pared Sur del Aconcagua. José Jijón, inicia la conquista de las Seven Summits, las siete cumbres más altas de cada continente.
Otra andinista, Paulina Aulestia, también conquistadora de las Seven Summits, es la primera ecuatoriana en conquistar el Everest, premio y fama en la historia. Escaló el mayor ocho mil con la ayuda suplementaria de oxígeno, como lo hace el 99% que asciende en Himalaya. Otros ecuatorianos también conquistaron el Everest con o sin oxígeno. Llegan a la docena los “everestistas” del Ecuador.
Contados los siete escaladores puros ecuatorianos, “acróbatas de la cuerda y del vacío”, llegan en el Sur del continente a las deslumbrantes paredes de roca y hielo del conquistando el Fitz Roy y el Torre, picachos verticales y de encanto destinados para estos especiales escaladores.

Speed climbing, trail running y mountain running
En el siglo XXI, la evolución y desarrollo del montañismo exige a sus practicantes mayor emoción. Características de los jóvenes millennials y de los privilegiados con una capacidad física que deja absortos a preparadores físicos y aficionados. El Ecuador se incluye en esta nueva modalidad e inscribe un desarrollo y una historia de resonancia universal.
Karl Egloff, andinista ecuatoriano de nacimiento, descubre en los días de descanso en sus guianzas a expediciones internacionales en África, Perú y Ecuador, sus capacidades y espíritu para “correr” en la montaña.
En su primera prueba en el Kilimanjaro, pulveriza en tiempo récord del célebre español y corredor estrella mundial Kilian Jornet.
De esta manera inscribe en la historia universal los considerados récords mundiales dentro de su plan de las siete cumbres más altas: Kilimanjaro, 5.890 m, con 6h 42 min. En 2014, Aconcagua, 6.962m, 11h 51min. En 2015 Elbrus, 5.642m, 4h 20 min; y Denali, 6.190m, 11h 44min, en 2019.
A estos récords mundiales suma otros como Cotopaxi, 5.897m, 1h 37min, en 2012, Chimborazo, 6.267m, 3h 59min, en 2017 (desde la carretera). Plomo, en Chile, 5.646m, Cayambe, 5.646m, Illiniza Norte, 5.116m y Tungurahua, 5.023m, en estos últimos años.
La pandemia puso en espera dos retos, pero manifiesta su perseverancia.
La pared Sur del Aconcagua se convirtió en una lucha tenaz con los riesgos y demás impedimentos. Sin embargo, haciendo tándem con Nicolás Miranda, imponen un tiempo formidable de 24h 55min el 19 de febrero de 2019. Igualmente estos dos amigos y equipo triunfador tienen el récord del Huascarán en julio de 2016 de 11 horas.
El ya mencionado Nicolás Miranda, extraordinario guía y montañista, establece un récord en el Aconcagua por la ruta 360 grados. Recorrió la vuelta a la montaña, con cumbre incluida, en el impresionante tiempo de 27 horas 58 min, en febrero de 2017.
Al cierre de esta reseña histórica, queda la expectativa y emoción de la continuidad de estos retos. Pero sobre todo el crecimiento de las excursiones a las montañas, ahora con operadores turísticos, guías certificados como los de la Asociación Ecuatoriana de Guías de Montaña ASEMIN, compuesta por casi un centenar de maestros en la materia.
El andinismo ecuatoriano, deporte de clubes, grupos, familias, turistas y aficionados a la naturaleza.
(*) Franklin Velasco-Garcés (75) es andinista, trail runner y caminante. Autor del libro “Eco de los Andes” y otros, artículos periodísticos y conferencias. Licenciado en Administración de Empresas y Diploma de Gerencia de la Industria Petrolera Internacional.