El atleta ecuatoriano Karl Egloff, récord non stop en Aconcagua, Elbrus, Kilimanjaro y Denali, le contó a CUMBRES cómo pasa su aislamiento en Quito, en espera por volver a las montañas. Por los altos costos, cambió el orden de sus planes: Carstensz Pyramid en lugar de Vinson.
Karl Egloff espera con ansiedad el momento de volver a las montañas, superada la cuarentena.
Karl Egloff espera con ansiedad el momento de volver a las montañas, superada la cuarentena.

El montañista de alto rendimiento de Ecuador, Karl Egloff, en extenso diálogo con CUMBRES describió cómo afronta la etapa de aislamiento por pandemia, y anticipó un cambio de rumbo en sus planes inmediatos, una vez levantada la cuarentena.

Egloff es guía profesional de alta montaña, y es esa su principal actividad laboral que desarrolla principalmente en su país y en Argentina. Además, en forma deportiva ha ganado trascendentes espacios en la élite mundial, al alzarse con nuevas marcas de velocidad en ascenso a 4 de las Seven Summits: Aconcagua, Elbrus, Kilimanjaro y Denali.

Mientras aguarda ansiosamente poder volver a las montañas, para trabajar, entrenar y seguir con sus desafíos, el suizo/ecuatoriano repasó con CUMBRES los pormenores del encierro obligatorio global.

No sin contratiempos, Karl debió adaptarse a una nueva forma de comunicarse virtualmente  con sus seguidores y fans. “Estoy en una nueva faceta. Me gusta contar mi historia, mi biografía, cómo me volví un deportista de élite, pasé por muchos deportes, pero siempre lo he hecho empresarialmente, con un micrófono en la mano, presentando videos y con abrazos a la gente, nunca a través de la pantalla. Al inicio fue un shock porque es difícil a veces llegar a una emoción, a veces el video no funciona o la gente no está conectada o no lo está viendo”.

En estos meses ha tenido intervenciones en universidades de Nutrición de Catalunya, Rusia, España, entre otras. En su país, donde es una celebridad deportiva, los canales más importantes de televisión requieren habitualmente su presencia en las noticias de hora estelar, brindando una voz de aliento y motivación para salir adelante en esta situación.

Volver adaptados

“Tenemos que levantar tanto el turismo, que está obviamente en una situación muy crítica”. Enfáticamente Karl Egloff apunta al núcleo del problema actual y futuro en su actividad.

“El Ecuador tiene el 9,8% del ingreso de turismo, y eso es bajísimo. En Italia o en España es más de 13 o 14%, es otro nivel. Obviamente por lo mismo es importantísima la reactivación. Nosotros en Latinoamérica lamentablemente nunca le vieron como algo tan potente al turismo en números, siempre es la última rueda del carro. Eso hace que no haya una planificación” se lamenta en su análisis.

Ante rumores que el Gobierno de Ecuador pretende mantener los parques nacionales cerrados todo el año, Karl y los guías diplomados hicieron sentir su disconformidad: “Nosotros vivimos de eso, hay 180 guías certificados y muchos que están vendiendo alfombras, alcohol, mascarillas porque no tienen qué comer, ya van 3 meses sin trabajar. El guía trabaja muy duro en temporada y el resto del año se gasta el dinero. Ecuador vive también de una temporada en julio, esa murió totalmente, no va a venir nadie. Nuestra temporada fuerte empieza en octubre, si nos dejan cerrados los parques hasta fin de año no va a venir nadie”.

Por lo mismo, enuncia que si se trata de un tema de bioseguridad, “pues habrá manera de adaptarse, pero no pueden simplemente prohibir para que no haya contagios. A la final es un lugar muchísimo menos expuesto que una ciudad, un concierto, o hasta un evento de trail running” ejemplificó.

En ese sentido el multiatleta ejemplificó con el Cotopaxi, la montaña más convocante del Ecuador. “En el resto de las 180 montañas más que tenemos no va a ser ningún problema porque nunca vas a estar con mucha gente”, señaló. Pero en Cotopaxi, calcula que el 60 o 70% de las salidas guiadas del país son a esa montaña, por lo cual requiere una adaptación. “Dormir 100 personas en un refugio… va a haber que hacer cambios. Tal vez llenarlo con 40 personas y permitir, hasta que haya un antídoto, acampar fuera, o en el parque nacional lo cual hoy es prohibido. Lo más importante es aglomerar la gente en un solo sitio”.

Asimismo Egloff propone el criterio de manejar horarios en la montaña, como se hace desde hace años en Matterhorn o Mont Blanc. Esto es que en un horario salen determinados guías, y a una hora siguiente lo hacen otros, de manera de evitar las aglomeraciones.

Tiempo de familia para Karl Egloff en Quito.
Tiempo de familia para Karl Egloff en Quito.
Riesgos paralelos

Karl Egloff consideró que la angustia o las presiones que pueden despertar en cada persona el aislamiento obligatorio por Covid-19, son similares a las que en general se enfrenta en una montaña: “Es eso de no saber qué va a pasar. No entramos a la cuarentena sabiendo cuándo y cómo se va a acabar, entramos asustados viendo muertos en el Primer Mundo, en Asia. Estás en una situación que no puedes controlar, no tienes certeza de lo que va a pasar. Es como si tú entras a una montaña sin saber cuándo se va a abrir. Llegas en una expedición y dices ‘a ver, yo invertí dos años para llegar a este lugar, hablé con mis patrocinios, hice rueda de prensa, anuncié que voy a hacer algo’ y de pronto el mal clima te da un palo y otro y otro”.

“Empieza entonces esa presión, que se llama economía, de tener que salir, abrir la carpa y arriesgar. Qué voy a hacer con mis patrocinios si no salgo, no les puedo decir que simplemente no salí de la carpa, que el clima estuvo malo. Tienes que arriesgar. Ese es el punto en el que estamos ahora. Vamos a tener que convivir con el virus, no podemos quedarnos encerrados hasta el siguiente año esperando que haya un antídoto”.

En esta etapa, Karl está muy focalizado en compartir tiempo y actividades hogareñas con su pequeño hijo. Mientras, dedica dos horas diarias a su propio entrenamiento en una máquina trotadora, bicicleta fija y una pared de Boulder en el patio de su casa de Quito.

“Lo más importante como deportista es tener la cabeza clara, no te puedes desesperar ni echar en un sofá a esperar que las cosas pasen. Tu cuerpo es una máquina y tú no puedes dejar que funcione. Yo me mantengo en forma dentro de la casa con mis posibilidades”.

Karl Egloff con su grupo en una de sus expediciones guiadas en Aconcagua, Argentina.
Karl Egloff con su grupo en una de sus expediciones guiadas en Aconcagua, Argentina.

“Estamos encerrados en una situación muy cómoda, más bien estamos aburridos de no saber qué película ver, ya se acabaron todas las series, la biblioteca llena de libros. Pero queremos tener nuestras vidas, como eran antes” clarificó su posición.

VIPnson

Finalmente Karl Egloff anunció que su plan original de acometer el antártico monte Vinson en el próximo verano austral, sufre una variación contundente.

“El Vinson se volvió muy caro. Los 3 Seven Summits que me faltan son demasiado caros. Somos latinos a la final, y no es para sentirnos menos, pero no tenemos el poder adquisitivo que tiene un europeo o un americano para una expedición” se lamenta el sudamericano.

Así confiesa que, por ahora, no podrá acceder. “Es absurdo, el Vinson cuesta 47.000 dólares”. Insólito.

Karl Egloff en Denali junto a su amigo de toda la vida, Nicolás Miranda.
Karl Egloff en Denali junto a su amigo de toda la vida, Nicolás Miranda.

Apelando a su status de deportista reconocido, con manejo serio del riesgo, con la asistencia de su gran amigo Nicolás Miranda, y en su condición de guía, pensó en tal vez encontrar algunas puertas abiertas para Vinson. Pero no fue tan así.

Los altos ejecutivos de la monopólica empresa que lleva gente al Seven Summit antártico, le hicieron saber que no están interesados en el “turismo de mochila” que podría ejercer Karl, que no es su target. En realidad, pretenden un Vinson totalmente VIP, donde todos paguen por igual como cualquier turista, 47.000 dólares. “No entiendo por qué ganan tanto dinero allá, es una montaña que no necesito nada, solo una carpa, mi cocineta y en 2 días estoy en la cumbre. El costo es el avión, la logística, el parque nacional, son los permisos. En todo abusan de la gente. Es abuso”.

Seven Summit oceánica

Convencido de no forzar la realidad, y como buen latino aprendiendo a levantarse con baldazos de agua fría, Egloff decidió simplemente poner al Vinson al final del proyecto.

Ahora la proa apunta al Carstensz Pyramid (4.886 m, Nueva Guinea, Indonesia) la montaña insular más alta del planeta. La otra de las Seven Summits, más Everest, que le resta completar en velocidad.

Esto será posible en noviembre, uniéndose a una expedición alemana liderada por Felix Berg, un himalayista muy reconocido con un centenar de expediciones a 8 miles.

Para ese objetivo, Egloff necesita zanjar un problema de seguridad que surgió en aquel país oceánico. Es que, arribados al aeropuerto de la ciudad de Timika, desde allí se inician 6 días de caminata hacia el campamento base. Pero muchas agencias ya no ofrecen esta aproximación porque algunas tribus por cuyos territorios es menester transitar, neutralizan el paso de las expediciones.

El sector se ha vuelto ciertamente peligroso, y hasta se ha denunciado la desaparición de turistas. Actualmente, el traslado al campo base se debe hacer en helicóptero.

La marca de ascenso en velocidad en Carstensz la tiene aún el austríaco Christian Stangl, quien también posee el record en Everest. Stangl es tan famoso por su impresionante logro, concluido en agosto de 2013, del ciclo Triple Seven Summits, las 3 mayores alturas de cada continente, como por haber mentido la cumbre en el K2 el 12 de agosto de 2010, desmentida un mes después por él mismo en rueda de prensa.

En Vinson, en cambio, el mejor tiempo non stop cb-cumbre-cb le corresponde al veterano y célebre escalador estadounidense Conrad Anker.

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