Lina Quesada ya lleva 5 cumbres de 8 miles y por estos días está intentando la sexta, el K2. Lo hace en solitario y calculando cada gasto al detalle. Una historia de cómo las diferencias de género siguen vigentes en el montañismo de elite.

Lina Quesada Castro es una andaluza de 50 años. Durante años viene gastado todos sus ahorros en expediciones a los picos más altos del planeta.
Everest (8.848 m, Nepal/China, (8 mil más alto), Cho Oyu (8.201 m, Nepal/China, 6°), Gasherbrun II (8.035 m, China/Pakistan, 13°), Broad Peak (8.051 m, China/Pakistan, 12°), Manaslu (8.163 m, Nepal, 8°), ha estado en 5 cumbres de más de 8.000 m. Casi 6 porque debió descender muy cerca de la cima en Dhaulagiri (8.167 m, Nepal, 7°), el año pasado.
En 12 intentos, ha logrado 5 éxitos. Pero para llegar a fin de mes, debe encontrar patrocinadores y por ahora sólo pequeñas empresas o algunos conocidos aceptan apoyarla.
Según Lina, los grandes patrocinadores no están interesados en las iniciativas de mujeres: “Ven a los equipos de hombres como más fuertes, más capaces de llegar a la cima” dice. Por lo que para su nueva aventura, nada menos que el K2 (8.611 m, China/Pakistan, 2°), no tuvo otra opción que pedir un préstamo.

Sólo para hombres
La problemática que plantea Lina Quesada es recurrente para muchas mujeres emprendedoras en todo el mundo. Ella es una montañista formada, con experiencia e innegables condiciones para afrontar retos deportivos de alto vuelo. Sin embargo, sus iniciativas encuentran más obstáculos que soluciones, y la ecuación parece ser inversa cuando se trata de hombres.
Por si fuera necesario aclararlo, ella no tiene acompañamiento de sherpas. Ella sube sola. “Es que no hay gente en mi entorno que pueda pedirse dos meses en el trabajo y financiárselo… Estoy alejada de los núcleos tradicionales de montaña, pero influye mucho el ser mujer. En las altas esferas, contar con una chica en el equipo no gusta o no conviene para un proyecto ‘serio’, me da la impresión” dice Lina en una entrevista con el diario español As.
Por primera vez consiguió el patrocinio de una marca de ropa, Soloclimb. Desde 2011 que no recibe ninguna ayuda de entes oficiales de Andalucía. Recuerda amargamente cuando se jugaba la vida sola en el Broad Peak, y al lado, en el K2, una expedición andaluza de hombres financiada por la Junta llevaba de todo. “¡Hasta jamón y Chivas!”

Estilo Lina Quesada
Cada detalle cuenta para evitar gastos excesivos. En total, su expedición debía costarle estrictamente € 20.000, para un 8 mil realmente un presupuesto low cost.
Lina Quesada alquiló parte del equipo en Pakistán, como su carpa, pero los 30 kg restantes (ni un gramo más ni uno menos) fueron con ella en el avión. Nunca estuvo en sus planes pagar adicional por exceso de equipaje. “A veces tengo que usar mis botas y mi traje en el avión para aligerar mi equipaje”, se ríe en la entrevista que también replicó la revista francesa Altitude.
Un presupuesto tan ajustado es a veces una fuente de peligro. Cuando se enfrentó al Broadpeak, sus botas no eran las adecuadas. “Ya no sentía mis dedos de los pies, casi los perdí”.
En aquel momento, vencida un poco por la depresión, no le quedó más opción que dormir con las botas puestas. En 2003, conoció a su compatriota, el recordado Iñaki Ochoa, y él le prestó una bolsa de dormir. Pero Lina piensa que esa solidaridad ha desaparecido. “Ahora se trata principalmente de competencia”.
Los 8 miles
Lina está por estos días aclimatando en Pakistán y se acerca día a día al campo base del K2, su gran objetivo. De lograrlo, será la primera andaluza en la segunda cima más alta del mundo, y la segunda española, luego de Edurne Pasaban.
Actualmente compartió en sus redes sociales fotografías a 3.700 metros en el valle de Skardu.
En sus posteos no deja de mencionar a quienes le tendieron una mano para su aventura: Anfer Rehabilitaciones, Federación Andaluza de Montañismo, Baldomero Guillen, Alma Gaia, IFP Rescate, Montaña Viva, BidaFarma y Empresa Pública Deporte Andaluz, además de la Diputación de Sevilla, donde ella justamente trabaja.
Nunca dejaría de subir grandes montañas. Pero por el momento ve lejana la posibilidad de completar los 14 ocho miles, por razones estrictamente económicas.
Cada vez que regresa a España llega a la misma conclusión: “No vuelvo. No pierdo un mes más de mi vida durmiendo en un glaciar. Ya no gasto mis ahorros en estas montañas”. Sin embargo, el llamado de las cumbres es más fuerte. Al cabo de algunas semanas ya está empezando a pensar en su nueva expedición.
“¿Qué más puedo hacer, si estas montañas me hacen tan feliz?”