La historia de un sencillo pastor nómade del Tibet que a principios de siglo hizo cumbre en Qomolangma -Everest-, el monte más alto del mundo. Por su condición física, se ganó la oportunidad como porteador de altura para una expedición comercial extranjera. ¿Su motivación? Curiosidad.

Gesang es pastor tibetano, tiene 57 años y vive en una casa con la vista a las montañas probablemente más bella de todo el planeta. En días soleados, la cima del monte Qomolangma -o Everest o Chomolunmga o Sagarmatha- el más alto del mundo, se enmarca en su puerta como un cuadro colgado en una pared.
“¿Qomolangma? Eso es todo. He estado allá arriba”, le dijo Gesang, señalando la cima, a unos periodistas de la agencia china Xinhua que lo visitaron recientemente.
Desde hace décadas vive en la aldea de Zangpu, a 5.000 metros, Zhaxizong, en la región autónoma del Tibet. Es una de las más cercanas al Qomolangma por el lado chino. Por mucho tiempo se dedicó a criar animales que llevaba regularmente a pastorear a las tierras altas.
Muchos creen que se trata de una leyenda que un pastor nómada sin ningún tipo de formación haya subido a los 8.848 metros del Qomolangma.
“He oído hablar de este hombre, pero nunca lo he visto. ¿Existe?” Dicen que dijo Solang, autoridad de la Asociación de Montañismo de la Región Autónoma del Tíbet.
Según Solang, se requieren múltiples calificaciones para escalar el Qomolangma desde la ladera norte en China. Los solicitantes deben ser guiados obligatoriamente por un guía profesional. Y haber escalado al menos un Nevado de más de ocho mil metros.
“La ladera norte del monte Qomolangma definitivamente no está abierta a personas sin tales calificaciones”, sentenció Solang.
Pero el certificado Qomolangma que orgullosamente ostenta Gesang, establece claramente que llegó a la cumbre, en 2001.

A la cumbre
En aquel momento, las expediciones al Qomolangma ya se comercializaban, pero el modo de operación era muy diferente al de hoy. Cuna de guías de montaña de gran altitud en China, la Escuela de Guía de Montañismo del Himalaya de Lhasa (anteriormente Escuela de Montañismo del Tíbet) se estableció hace solo dos años. La figura de “guía local” y la gestión del alpinismo extremo todavía estaban “en pañales”.
Además, el trabajo de guías en la ladera Norte estaba completamente copado por compañías extranjeras.
Gesang dice haber alcanzado la cumbre con un grupo de extranjeros, guiado por el muy conocido neocelandés Russell Reginald Brice.
Brice organizaba expediciones comerciales al Qomolangma cada año entre 1996 y 2007. Muchos de los primeros guías comerciales del Tíbet han sido pasantes en su equipo.
En 1997, Gesang comenzó a trabajar para el equipo de Russell, porteando con sus propios yaks, como muchos de sus compatriotas. En 2001, la compañía eligió a Gesang como porteador de temporada para trasladar suministros de la expedición hasta la cumbre. “Probablemente porque tenía buena salud”, admite.

“¡No debería haber venido!”
Es que normalmente lleva dos días transportar mercaderías y equipo desde el campo base (a 5.200 metros por esta vertiente) hasta el campamento avanzado, a 6.500. Pero nuestro pastor solo necesitó de cinco a seis horas. También aprendió rápidamente de los guías tibetanos cómo caminar con crampones sobre el hielo por encima de los 6.500 metros.
Gesang sintió entonces gran orgullo y confianza. Ningún aldeano había tenido nunca la oportunidad de intentar cumbre. Pero admitió que comenzó a arrepentirse cuando comenzó el viaje.
“Apenas podía soportar el viento después de alcanzar los 7.000 metros”, dijo. Recuerda que el día de cumbre, cuando superaban el “Segundo Paso”, a unos 8.600 metros, uno de los clientes se orinó de miedo ascendiendo por una roca casi vertical.
“Mis piernas estaban débiles. Agarré la cuerda y tuve miedo de mirar hacia abajo”, admitió. En esos momentos pensaba en su esposa, en sus hijos. “¡No debería haber venido!”
Afortunadamente llegó a la cima después del amanecer. De pie en la cumbre, vio “las nubes debajo, planas y anchas, que se extienden muy lejos”. Estaba muy alegre. Pero sobre todo porque finalmente estaba regresando a casa.

Bajando la montaña
Algunos aldeanos consideran un héroe a Gesang. Mientras que otros lo creeen loco. Al año siguiente volvió a trabajar al Qomolangma. La gente sabía que había estado en la cima, pero nunca se convirtió en estrella. Los Himalayas no han estado exentos de habladurías y leyendas de agricultores y pastores convertidos en montañistas. Y los sherpas de Nepal dejaron su huella durante mucho tiempo.
Gesang pasó diez años con el equipo de Russell Brice. En 2008 la empresa se mudó a la ladera Sur, del lado nepalí.
Ese mismo año, la antorcha olímpica de Beijing llegó a la cima del Everest, con una escolta de guías tibetanos que se prepararon duramente para concebir su propio modelo de expedición comercial.
Luego, se hicieron cargo de la tarea anual de fijar cuerdas por sobre los 6.500 metros. Con sus habilidades técnicas lograron la confianza de equipos internacionales, que cada vez más dominan las temporadas del lado Norte.
Pero con regulaciones de montañismo cada vez más estrictas, a los aldeanos comunes solo se les permite llegar a 6.500 metros para transportar suministros y limpiar la basura, ganándose la vida de manera más segura.

Qomolangma y después
Después de 2008, Gesang volvió a su anterior oficio de pastor nómada, año tras año.
En 2018, fue elegido miembro del comité de la aldea. Cada año, entre abril y mayo, los aldeanos auxilian a los equipos de alpinismo a transportar suministros con sus yaks. Le dio esa oportunidad a su hijo.
No fue sino hasta este 2020, cuando se necesitaron trabajadores temporales para establecer una red 5G y equipos de medición de altura en Qomolangma, que Gesang regresó a la montaña.
“Mi salud está fallando. No voy mucho a las montañas ahora”, dijo Gesang. Su hijo menor cursó la Escuela de Alpinismo del Tíbet. Un poco lo envidió, pero reconoció que “diferentes períodos presentan diferentes formas de vida. Está bien como está ahora”.

“Quería ver qué había allá arriba”
A casi todos los conquistadores de Qomolangma se les ha preguntado qué significa escalar la montaña. “Estoy feliz de haberlo logrado. Eso demuestra que tengo buena salud”. Gesang siempre da esa respuesta.
¿Y por qué escalarlo? Esta pregunta, crucial en el ámbito del alpinismo, es probable que el pastor montañista nunca se la haya formulado. “Supongo que algunas personas quieren ser famosas. Pero yo solo tenía curiosidad, quería ver qué hay allá arriba. Y lo he visto”.
Al final de la entrevista, uno de los periodistas insistió en ver una foto de Gesang en la cumbre. Buscó durante largo tiempo, pero no pudo encontrarla. “Tal vez la perdí en alguna mudanza”, sonrió, y mostró un traje de pluma que, según dice, le regaló el equipo de Brice aquel año.
“¿Lo has guardado como recuerdo todo el tiempo?” preguntó el entrevistador. “Más o menos. Es abrigado, adecuado para los vientos acá en el campo”, le respondió Gesang, con la sencillez más alta del mundo.