Era un día de ascenso como tantos otros para los miembros del Club de Montañismo y Deportes de Invierno CAMADAN. Metin Çolak, presidente de la entidad, junto a Hakan Demirci, Adem Şahin, Musa Kesimal y Ercüment Gümüş, escalaban una de las cumbres de la cordillera Kaçkar, que se extiende paralela a la costa oriental del Mar Negro turco. Habían elegido el Atalanı, un pico de 3428 metros que Çolak describe como “un lugar único en medio de las montañas”.
Al alcanzar la cima, los alpinistas se acercaron a una estructura conocida como en la mayoría de las cumbres: una suerte de pequeña chimenea de piedras que los escaladores erigen para señalizar su llegada. Sobre ella, una lata invertida llamó su atención. Bajo el recipiente, protegido por una bolsa de plástico y sujeto con una piedra, encontraron un pequeño trozo de papel amarillento.
En el papel, una nota escrita a lápiz. Contenía una fecha, 20-8-72, la inscripción “Spedizione CAI Pordenone Italia” y dos nombres: Enzo Laconca y Giovanni Martin. El hallazgo desencadenaría una investigación que terminó por tender un puente de medio siglo entre dos épocas.
“El concepto del tiempo pareció desaparecer”
Para los montañeros turcos, el impacto fue inmediato y profundo. “No habíamos nacido cuando dejaron la nota allí”, confesó Metin Çolak. “En ese momento, el concepto del tiempo pareció desaparecer. Fue como si hubieran estado allí antes que nosotros; es increíble”.
La expedición del CAMADAN inició entonces una investigación que los llevó a contactar con el Club Alpino Italiano en redes sociales. Enviaron fotografías de la lata y el mensaje, y aguardaron la respuesta.
La confirmación llegó desde Italia: la nota pertenecía a cinco montañeros del CAI de Pordenone, Alleris Pizzur, Sisto Degan, Enzo Laconca, Gianni Martin y Ezio Migotto. Los cinco, en 1972, cuando tenían entre 23 y 32 años, emprendieron un viaje hacia aquella cordillera remota.
“Su enfoque fue muy positivo -relató Hakan Demirci-. Contactaron a una de las personas que estuvieron allí y lo convirtieron en noticia. Nos dimos cuenta de que era muy significativo para nosotros”.
Una expedición doble propósito
La travesía de aquellos cinco italianos no había sido una simple salida de verano. La expedición de 1972 combinaba el deseo de conquistar cumbres vírgenes con una misión científica: recolectar muestras de roca y realizar trabajos topográficos para el Proyecto de Desarrollo de las Naciones Unidas para el área de Lazistán.
Gianni Martin, uno de los supervivientes de aquella aventura, recuerda los sacrificios previos: “Para pagar el viaje vendí mi estéreo, no tenía mucho dinero”.
Con dos Volkswagen Escarabajo repletos de equipo, los cinco cruzaron la ex Yugoslavia, Grecia y Turquía hasta alcanzar las proximidades de la frontera con la otrora Unión Soviética.
Cuando el camino terminó, alquilaron caballos para transportar víveres durante nueve horas de ascenso hasta el lago Yildiz, a 2800 metros, donde establecieron campamento base.
Los días siguientes fueron de actividad frenética. Al finalizar la expedición, habían alcanzado 32 cumbres, 19 de ellas sin escalar hasta entonces. En una de esas ascensiones, Laconca y Martin escribieron sus nombres en un papel, lo protegieron con plástico y lo introdujeron en una lata que luego depositaron bajo las piedras. Un gesto simple que cinco décadas después cobraría un significado inesperado.
La montaña como punto de encuentro
Para los expedicionarios turcos, la lata y su contenido representan algo que trasciende el mero hallazgo. “En el momento en que encontramos la nota, nos dimos cuenta de que no estábamos solos -declararon desde el Club CAMADAN-. Fue una gran alegría ver que el deporte que practicamos tiene una dimensión internacional y saber que el mismo panorama se había observado hace 53 años”.
La cordillera Kaçkar, la más abrupta del litoral oriental del mar Negro, era en los ‘70 una frontera de exploración para los montañistas europeos. Hoy sigue siendo un destino remoto, pero el hallazgo ha cargado de simbolismo de lo que representan aquellos pioneros. “La expedición CAI de 1972 nos mostró que amigos amantes de la naturaleza, venidos de lejos, habían sentido esta misma emoción incluso antes de que naciéramos”, añadieron los turcos.
Hakan Demirci reveló que el club italiano les comunicó su deseo de participar en la inauguración del Museo de Montañismo del Mar Negro Oriental, donde la lata y la nota serán exhibidas. “Si hay personas que practicaron montañismo en aquellos años y desean venir, nos pondremos en contacto con ellas”, se entusiasmó.
La montaña, ese tan particular espacio geográfico que separa valles y países, se convierte así en paradójico punto de unión.
La nota encontrada no es sino un testigo mudo de que, en la cumbre, las distancias temporales se desdibujan y las generaciones pueden reconocerse a través del gesto compartido de dejar una huella.
Como resume Metin Çolak: “Que otros escaladores hayan venido antes que tú y te hayan escrito esta nota es como una carta al futuro”. Una carta que, 54 años después, encontró por fin a sus destinatarios.














