Oswaldo Freire pasó por Aconcagua liderando una expedición por la ruta normal. De vuelta de su 23ª cumbre, el inquieto guía ecuatoriano recordó grandes momentos de su carrera. Y reflexionó sobre la actualidad del montañismo en Ecuador y en todo el mundo.

Oswaldo Freire es un reconocido guía internacional oriundo de un país más que prolífico en grandes montañistas: Ecuador.
Sus comienzos en la actividad de la alta montaña se remontan a sus primeros pasos junto al gran Iván Vallejo, el primer ecuatoriano en coronar los 14 ochomiles sin oxígeno.
Ossie Freire se integró en 2009 al equipo de su amigo de toda la vida Somos Ecuador, nacido dos años antes. Al poco tiempo llegó el primer desafío: la pared Sur de Aconcagua. Luego vinieron las montañas del Kirguistán, el Pico Pobeda (7.439 m), el Khan-Tengri (7.010 m).
Hasta que llegó Manaslu, primer ochomil de Oswaldo Freire, como preparación para el Everest sin oxígeno que se venía. Y que fuera histórico para su compatriota Carla Pérez.
De Somos Ecuador tomaron parte en forma rotativa los escaladores y montañistas más avanzados de ese país andino: Julio Mesías, Carla Pérez, Esteban Topo Mena.
“El Iván –recuerda Ossie en diálogo con Cumbres-, después de los 14 ochomiles, su objetivo era abrir una nueva vía en un 8 mil. Escogió la pared Rupal en Nanga Parbat (N. de R.: Es la pared más grande del planeta, de 4.600 metros). Era el objetivo de Somos Ecuador. Durante las expediciones que hicimos se empezó a trabajar a ese objetivo”.
En ese contexto abordaron la Pared Sur, en Perú la pirámide Garcilaso (5.885 m) en vías técnicas, la Esfinge (5.325 m), en Bolivia la Oeste del Huayna Potosí (6.088 m), y varios más.
“Luego cambió el concepto porque Iván se dio cuenta que disfrutaba más haciendo cosas innovadoras. El Topo Mena, que es un genio para encontrar cosas y vías, venía con muchas ideas, ‘escalemos eso, hagamos eso’. Y es lo que hace Somos Ecuador ahora”.
El pilar Cassin
El pilar Cassin es una de las complejas vías técnicas del Denali (6.190 m), la cumbre más elevada de América del Norte, situada en Alaska, EEUU. Fue uno de los grandes hitos en la carrera de Oswaldo Freire junto a Joshua Jarrin.
“Tiene 62 largos y es muy poco escalada. Es más escalada por gente de Alaska. Cuando subí con Joshua fuimos los primeros sudamericanos en subir”. Los únicos latinoamericanos que la habían ascendido hasta el momento fueron unos escaladores de México.
Ossie la define como “una vía muy técnica, muy fría. Cuando terminas las dificultades técnicas de la vía, nos tocó el último día abrir huella, en nieve hasta las rodillas”.

De hecho, considera que su ascensión fue uno de los momentos más dificultosos en las alturas. “Realmente es en la vía donde he alcanzado mi límite físico. Llegué muy cansado al campamento a 14 mil. Me tomó 3 semanas recuperarme de la escalada de 4 días”.
En comparación con la Sur de Aconcagua, que tiene 3 mil metros, el pilar Cassin tiene 2.200 metros. “Pero los tramos técnicos son más técnicos que los de la pared Sur. En la Sur de Aconcagua sales de las Grandes Torres y te relajas, en el glaciar colgante. Luego en las Areniscas, sales y te relajas. Vas así. En el Cassin es un largo tras otro. Haces un largo difícil y viene el otro que es peor. Estás todo el tiempo colgado y asegurándote, no estás relajado” rememora Ossie casi reviviendo aquella extrema complejidad.
Ecuador a la vanguardia
Oswaldo Freire, reconocido y respetado en todo el mundo por sus logros y su profesionalismo, dedica unas reflexivas palabras a su Ecuador natal y su vínculo estrecho con la montaña.
“Ecuador siempre ha tenido grandes montañistas. Cuando en los 90 en Perú estaba Sendero Luminoso y estaba muy peligroso ir a escalar allá, ese turismo se movió a Ecuador. Y se empezaron a descubrir nuestras montañas”.
También en tren de comparaciones y referencias, Freire señala que en Ecuador “es muy cómodo escalar para quienes están empezando”. Y así lo explica: “Aconcagua por ejemplo son 14 o 15 días en una carpa. Es un paso siguiente a exponerte a cosas más montañeras. En Ecuador, las montañas son muy cómodas. Llegas en auto, duermes en un refugio, subes un 5.700, un 6.000 y bajas y duermes en tu casa”.

Así, un programa de 15 días de montaña en Ecuador puede incluir ascenso a 3 grandes cumbres y 2 pequeñas. “Entonces la gente se motiva mucho al tener 5 objetivos en vez de 1”.
También encuentra que los guías ecuatorianos se han tecnificado mucho. “Somos parte de la UIAAGM. Y muchos son escaladores y esto ha ayudado a este boom. Hay una corriente muy fuerte en Ecuador de hacer cosas nuevas y clásicas. Eso viene de los clubes de montaña. Yo pertenezco al club del colegio San Gabriel, siempre mis amigos mayores hablaban del pilar Cassim. La primera vez en la pared Sur de Aconcagua fue en el 94, con el club. Esa mística que los clubs transmiten a las nuevas generaciones es lo que da esta camada de grandes montañistas de Ecuador”.
Oswaldo Freire en Mountain Madness
Oswaldo Freire trabaja desde hace 21 años como guía de alta montaña para la histórica empresa internacional Mountain Madness. Se manifiesta muy cómodo y agradecido por su trabajo. De hecho, reconoce en Mark Gunlogson, el dueño, más un amigo que un jefe. “Es un tipo muy bueno, de gran corazón. Entonces es muy fácil. Él tiene mucho interés en la gente, en que sus clientes estén bien, sus guías estén bien. Es muy fácil trabajar así”.
“Tengo una amiga psicóloga que me dice que tengo un problema en la cabeza y creo que es muy certera con su diagnóstico” admite entre risas Ossie. Y así explica por qué “disfruto vivir en una carpa, disfruto la incomodidad, el frío. La parte negativa de mi trabajo es que me quita mucho tiempo para mis hijas, mi familia. No paso mucho tiempo con ellas. Pero amo lo que hago”.

A la hora de articular el trabajo con los objetivos personales, Oswaldo entiende como “muy importante que te des tiempo para hacer las cosas que te gustan. A través de mis escaladas de trabajo, muchas veces veo los objetivos deportivos que quiero hacer. Por ejemplo, ahora en Alpes, quiero mucho subir el espolón Walker (4.208 m) en las Grandes Jorasses. Entre viaje y viaje con mi amigo Joshua vamos a subir. Es cuestión de darte tiempo y tratar de esta entrenado para lo que quieres hacer. A mi me gustan mucho las grandes paredes y tengo que estar fuerte para escalar. Entreno cuando estoy en la ciudad, en el gimnasio. Y en las expediciones entreno la altura”.
Aconcagua en el corazón
Hasta este 2020 Oswaldo Freire he guiado 23 expediciones en Aconcagua y ha pisado 20 veces su cumbre de 6.962 metros. “Oigo mucha gente que dice que Aconcagua es una montaña fea. A mí me parece totalmente el opuesto, es lindísima, los colores de Aconcagua no los ves en otro lado. Y aparte la gente en Aconcagua es muy linda, o será que tengo suerte y me tratan bien”.
En su carácter de Seven Summit, Freire advierte de algunos problemas que observa en Aconcagua. “Por ejemplo, la superpoblación. En nuestro día de cumbre había fácil 70 personas. Eso trae una serie de problemas que viven todas las Seven Summits”.
Afortunadamente encuentra que el Parque Provincial está haciendo un buen trabajo. “Cuando estuvimos ahí estuvo un doctor y un guardaparque subiendo a la cumbre. Estaban muy pendientes de la gente. Había una chica que me parecía de ascendencia hindú que iba muy mal, las botas desatadas… Luego vi al doctor bajando con ella. O sea, eso me parece increíble que el Parque esté tomando esas precauciones”.
En ese marco recuerda cuando eran en cierto modo comunes 5 años atrás las muertes en Aconcagua. “Estos últimos años no ha habido muertes. Alguien tuvo que hacer algo para que eso pase. Y me parece que el Parque se está manejando muy bien. Además, en general el Parque está limpio” recalca.
Tiempos modernos
Cae la tarde en la asfixiante Mendoza de mediados de enero. Oswaldo Freire brinda su autorizada impresión de la actualidad del montañismo en el mundo.
“Ahora más gente quiere escalar. Las redes sociales han contribuido mucho. La foto famosa en Everest causó tanto revuelo, y tú dirías que la gente se va a cuidar ahora. Pero dicen que hay esta temporada en Everest 15 % más que el año pasado. Yo lo dije una vez en broma, pero creo que ahora en Everest debes manejar la gente como un peligro objetivo, como la caída de piedras, un elemento más. Los atascos, los cuellos de botella se vuelven un peligro objetivo. Y debes manejarlo de esa forma”.
En Aconcagua, de hecho, le llamó la atención la cantidad de gente en temporada alta. “Y aquí un poco todavía hay mucha más camaradería que en Everest. La gente te da paso, no hay cuerdas fijas, no tienes que estar colgado a algo”.
Lamenta que los nuevos ascensionistas “se dan cuenta que pueden tener esta fama efímera de las redes subiendo montañas, y todo el mundo quiere subir las Seven Summits. Pero hay otras montañas tan hermosas como el Pissis, el Ojos del Salado, el Mercedario…”

Pero, al mismo destaca que esta realidad ha traído más trabajo para los guías de montaña. “Hemos facilitado que gente sin experiencia y sin vocación como se esperaba, lleguen a sitios donde no lo podrían hacer hacen 20 o 30 años” rescata como positivo. Pro sin dejar de notar lo peligros que “el dinero puede compensar la falta de experiencia y hasta de capacidad física”.
Con una enorme sonrisa Oswaldo Freire se despide de Cumbres. Y como confidenacialmente menciona casi al pasar sus próximos objetivos de aventurero e innovador: volver a Antártida, donde estuvo recientemente, esta vez con su gran amigo Iván Vallejos. “Tal vez nos vamos al segundo monte más alto de la Antártida”. Y no descarta, junto a otro amigo y la uruguaya Vanessa Estol -su compañera en Mountain Madness-, la Supercanaleta del Fitz Roy, en la Patagonia argentino-chilena.