Salimos el 19 de septiembre. Vito propuso el Tolosa (5.332 m) por la Pata Larga del glaciar del Hombre Cojo. Es un cerro bastante mítico, no va tanta gente y hay mucho misterio a su alrededor, historias, muertes. Es un cerro que inspira respeto.
Por Nils Fontenla y Vito Magni (*)
No teníamos mucha data previa. Buscamos algo de info y nos fuimos. Dormimos en el hostel de Pablo y Emiliano (Portezuelo del Viento, en Las Cuevas) y a las 6 AM enfilamos por la Quebrada del Derrumbe. Había nieve buena, dura, costaba cantear la primera parte de la rampa que subimos con botas.
Se hizo de día, aflojó la pendiente y sacamos los piolets. Íbamos bastante rápido. Hicimos una parada ya con la luz, hidratamos y picamos algo. No teníamos objetivo ni tiempo definido.
El glaciar presenta hielo vivo, descubierto, viejo y duro, y al costado una canaleta de nieve dura en paralelo al glaciar. Por allí nos evitaría meternos al glaciar propiamente.
Cuando llegamos a un plateau donde se ven ambas patas, fuimos faldeando hacia el lado izquierdo, y vimos alguien como saliendo del glaciar. Era un extranjero. Subimos y vimos dos más bien sobre el hielo del glaciar. Agarramos velocidad por el canal, cuando alcanzamos más pendiente nos encordamos y escalamos en ensamble. Paramos a comer (asado frío!!). Íbamos bien, a buena velocidad.
En un momento se une el glaciar con la canaleta, así que encordamos y escalamos. Sale Vito escalando, arma la reunión, da seguro y los alcanzamos: eran dos amigos, Agustín Píccolo y Matías “Peluca”. Una alegría.
Empezamos a hacer esos largos en conjunto, compartimos material, uno levantaba los tornillos del otro, estuvo muy lindo. Cuando empezamos la escalada técnica en el glaciar todavía había sol y se desprendían piedras arriba.
Nils: Un par de piedras me cayeron en el hombro y en el casco y dolieron bastante. Por suerte nada, pero caían cosas.
Después de un par de largos se puso fresco, bajó el sol y empezó a correr viento con nieve volada que se cuela por todos lados. En las reuniones teníamos frío, el hielo estaba duro, costaba meter los grampones (los habíamos afilado en Las Cuevas), cansaba meter y sacar tornillos. El glaciar no tiene demasiada inclinación pero intimida, genera respeto, era una caída muy grande, mucha exposición.
Hay una parte de nieve más blanda, y en algunos tramos con una superficie de hielo debajo. Eso lo hacía peligroso porque no podíamos anclarnos en la nieve, había que sacarla para llegar al hielo. Se fueron dando unos largos en libre o asegurando de los piolets empotrados en la nieve (más psicológico que otra cosa). Fue cayendo la penumbra. Hacía frío y costaba recuperar los pies después de estar asegurando en una reunión.
Llegamos de noche al plateau de arriba. Encontramos un lugar plano de tierra para armar el vivac. Cenamos, hidratamos, estábamos super contentos por el clima, las estrellas, nada de viento. Aunque frío porque estábamos a 5 mil metros.
A la mañana salimos a las 10 cuando ya el sol empezó a pegar. Vimos el glaciar, pensamos en rodearlo lo más que pudiéramos por la tierra, hacia la izquierda, hacia Matienzo. En un momento quedamos en un lugar de fácil acceso, subimos por unos neveros y seguimos hacia la derecha.
Nils: Vito fue hacia la izquierda y encontró una cumbre, como hacia el Sudoeste. Nosotros tres seguimos por el filo, llegamos a un roquerío, encontramos otra cumbre, pero no había testimonios, o sea que no era la cumbre principal.

La vislumbramos, pero la verdad que había que bajar del promontorio rocoso, ver cómo sortear una pasada, seguir por un filo de rocas. Sabíamos que de la cumbre principal podíamos descolgarnos a Confluencia por unos acarreos expeditivos y cómodos. Pero definimos que si bajábamos como rodeando íbamos a llegar a esos acarreos. Obviamente no fue lo correcto.
Bajamos por allí pero llegó un punto que todos los acarreos se cortaban, no podíamos conectar uno con otro para seguir descendiendo. Desmotivados porque cada vez nos alejábamos más, dimos con uno que nos llevó a una serie de neveros -algunos penitenteados- que encadenamos y dimos con uno largo que nos permitió más línea de visión.
Nils: Matías y Agustín se adelantaron. Vito y yo fuimos bajando, yo estaba muy cansado porque sabíamos que bajábamos a Playa Ancha, y otra vez transitarla con botas en invierno…
Oscureció, íbamos cansados y deshidratados y salimos a Playa Ancha en plena noche. Empezamos a hacer ese tránsito, pasamos por las vertientes, levantamos agua que encontramos más o menos clara. No había nieve, sí algo de hielo. Y llegamos a Confluencia donde nos encuentran los chicos que habían parado a vivaquear. Fue muy bueno encontrarlos. Nos prepararon arroz y té. Vito pensaba en su trabajo y prefirió seguir bajando, y yo decidí acompañarlo. Llegamos al Centro de Visitantes en Horcones a las 3 AM. Nos acomodamos y dormimos perfecto.
La subida nos llevó 16 horas desde el hostel hasta el vivac en el glaciar. El descenso hasta Horcones fue de 15 horas y media. Dos jornadas largas.
Técnicamente el glaciar no tiene una pendiente exagerada, es bastante tumbado. El hielo es de calidad pero duro y realmente reviste un esfuerzo grande la técnica de los grampones y la colocación y extracción de tornillos. La gravedad juega en contra del glaciar y la resistencia se va venciendo. El riesgo para el escalador es quizás más alto que en un glaciar “plano”, en donde el peligro son las grietas. Acá son los seracs que caen, es un riesgo objetivo del Tolosa.
(*) Ambos son guías de montaña formados en Mendoza. Magni es además docente en la Escuela Provincia de Guías de Alta Montaña y Trekking (EPGAMT).