Llegó a las cumbres más importantes de Argentina y a algunas de las más renombradas de Sudamérica. Fundó un club de montaña en Córdoba, y no ceja en la transmisión de su amor por la actividad. Sergio Cerutti contó a CUMBRES algunas de las rutas realizadas en más de 43 años de montañismo.
Por Adrián Camerano

En cualquier montaña argentina, en el medio de la nada, es posible cruzarse a grupos de veteranos montañistas que, aún con sus achaques, tienen a las cumbres entre ceja y ceja. Suelen ser más de veinte, peinan canas (o nada) y se hacen llamar Los Dinosaurios.
Varios de ellos fueron glorias del andinismo argentino en los ‘60 y ‘70, y todos, sin excepción, mantienen vivo el amor por las alturas.
Uno de estos personajes es el cordobés Sergio Cerutti, “El Gringo”, montañista de exactos 73 años que ingresó a la práctica de este deporte de modo tardío, a los 30, para no abandonarla nunca más.
Encandilado con el “Champa”
Su primer amor fue el cerro Champaquí, la cumbre más alta de Córdoba.

En su primera salida al “Champa”, a fines de los 70, Sergio Cerutti y los docentes que lo habían invitado midieron metro por metro el sendero desde la ínfima Villa Alpina a la cima con un alambre fino de 5 metros y cartones para anotar. “Nos dio unos 17 kilómetros, y fue una experiencia maravillosa, que me marcó para siempre” refiere hoy.
¿Qué lleva a un cordobés del llano -nació en Morteros, vive en San Francisco- a encabezar expediciones a todas las grandes montañas argentinas y a varias de las más conocidas en Sudamérica?
En la llanura, un club de montaña
En 1982, al regresar de su primera expedición al Aconcagua, Cerutti contribuyó a la formación del Club de Montaña Champaquí, vigente a la fecha. “Nació por una charla con varias personas interesadas en el tema, aunque en aquellos tiempos y por aquí era muy raro hablar de montañismo”, relata.
A partir de esos impulsos iniciales desplegó expediciones a diestra y siniestra, motivado “por mis ganas de conocer otras montañas no tan conocidas”.

“Siempre priorizamos las expediciones a montañas pocos visitadas y por ello interesantes, no solo por su altura sino por sus características propias” completa. Sergio tiene algunas rutas con su nombre, algunas de ellas hechas en compañía de Emilio González Turu, de Salta, a quien conoció en 1984 junto a Christian Vitry.
Sencillo, relata que “otras fueron bautizadas con mi nombre como homenaje a mi persona”, y entre tantas destaca la directa del cerro Negro, cerca de Cachi, por la Garganta de las Antenas.
La segunda fue en los Ibañez del Chañi, una directa a la principal “que la denominaron la Ruta del Cacique, como cariñosamente me llamaban”.
Luego también en el cerro Aguja Negra del Chañi, junto a Emilio, donde recuperaron el testimonio perdido del cerro de la Desobediencia, como lo llamó don Roberto Vitry, presidente en ese momento del Club Amigos de la Montaña de Salta. Aquella vez bajaron de noche por una canaleta de 1200 metros y sectores con inclinaciones de 50 grados.

Un cerro con su nombre
Entre muchas otras, en 2017, Sergio Cerutti participó de una expedición integral al Antofalla, que además hizo cumbre en un cerro cercano, al que bautizaron con su nombre. Recientemente, en solitario, llegó a lo más alto de una montaña a la que llamaron Chungara, al Este del Llullaillaco.
“Los Chungaras eran los antiguos habitantes de la región cercana al Llullaillaco. Tenían la característica, al igual que nuestros comechingones, que eran altos y barbados. Poseían vastas recuas de alpacas, llamas y vicuñas y comerciaban con oro y plata. De allí la leyenda de la cueva en donde estarían enterrados curacas de esa etnia con sus tesoros en algún lugar cercano al cerro y que movió a los italianos a realizar durante muchos años seguidos, expediciones al lugar”, ilustra.
La lista de ascensiones en Argentina es extensa: los volcanes Ojos del Salado (1987, 2002 y 2005), Tuzgle (1985). Lanín (1999), Pissis (2013), Antofalla (2017), Walter Penck (2018) y Llullaillaco (2021). Los cerros Acay (1985), Nevados de Cachi (1986, 1988, 1990, 1996, 2009 y 2010), Nevados del Famatina (1987, 1992 y 1994), Nevados del Chañi (1993 y 1998) San Miguel de Palermo (1990).

Mercedario (2012), Bonete Chico (2016) y Clavillo del Aconquija (1991). El Aconcagua (1983, 1984, 1986 y 1997).
En Sudamérica, los volcanes Rucu Pichincha, Cotopaxi, Cayambe y Chimborazo en Ecuador (2008), Tarija y Pequeño Alpamayo en Bolivia (1997) y en África, Kilimanjaro (1999).
La ética en la montaña
Los tiempos de pandemia encuentran a Sergio Cerutti manteniendo la esencia del montañismo clásico. Pero adaptado a una actividad que, “como todos los deportes, evolucionó, por suerte o no”.
Entonces en esa línea, destaca que “el trabajo de los guías es fundamental para encauzar la demanda de una práctica deportiva que se volvió comercial”. Aunque reconoce que el problema es “cómo se promociona una salida al cerro y la ética que debe tener quien guía a la gente”.
Esa ética de la montaña que aprendió hace más de cuatro décadas le permite a Sergio Cerutti reflexionar que “la amistad de la cordada es el reaseguro de cualquier salida”. Y recomendar “siempre, en lo posible, salir con gente que sepa más que uno”.
“Soy partidario de volver a las fuentes, visitar a los clubes formadores y leer a las generaciones del 50 al 1980”, completa este orgulloso Dinosaurio del montañismo.
