Nueve años después de su histórica ascensión a Freerider, en El Capitán, Alex Honnold vuelve a redefinir los límites de lo posible, esta vez sustituyendo el granito de Yosemite por el vidrio y el acero de Taipéi.
El pasado domingo 25 de enero, Honnold se convirtió en la primera persona en escalar en solo integral (sin cuerdas ni equipo de seguridad) el Taipéi 101, una estructura de 508 metros que durante años fue el edificio más alto del mundo.
Geometría y el hollín de Año Nuevo
A diferencia de las fisuras naturales, el Taipei 101 presenta una estructura rítmica y repetitiva. El edificio, diseñado para emular un tallo de bambú, se divide en ocho secciones de ocho pisos cada una.
Honnold atacó una de las aristas del edificio, aprovechando los listones metálicos en forma de L que sirven de marco a la estructura.
El mayor desafío técnico residió en las llamadas “cajas de bambú”, donde cada sección presenta un ligero desplome que obligaba a Honnold a realizar movimientos de tracción pura sobre cantos metálicos.
Durante la rueda de prensa posterior, el escalador mencionó un obstáculo inesperado: restos de hollín y residuos de los fuegos artificiales de la celebración de Año Nuevo, que hacían que algunas superficies fueran más resbaladizas de lo previsto.

Cronología de una ascensión mediática
El evento, titulado Skyscraper Live y retransmitido mundialmente por Netflix, tuvo que ser pospuesto 24 horas debido a las inclemencias climáticas del sábado. El domingo amaneció con cielo despejado, aunque con rachas de viento considerables en la parte superior de la aguja.
Honnold comenzó su ascenso a las 9:00 a.m. (hora local). Ataviado con su ya icónica camiseta roja y pies de gato amarillos personalizados, el escalador mantuvo un ritmo constante que desafió sus propias estimaciones.
A mitad de camino, Alex Honnold -equipado con un micrófono inalámbrico- se permitió bromear sobre las vistas de la ciudad, describiendo la experiencia como “surrealista” y “festiva” al escuchar los vítores de la multitud que se congregó en la base de la torre.
“El edificio es singular. He visto muchos edificios grandes en el mundo, pero el Taipei 101 es magnífico. Ahora, por el resto de mi vida, lo miraré y pensaré: ‘eso fue una locura'”, declaró Honnold al alcanzar la cima.
El legado de Alain Robert
Aunque Honnold es el primero en realizarlo en solo integral, no es el primero en coronar la torre por fuera. En 2004, el francés Alain Robert, apodado “el Spiderman francés”, escaló el edificio bajo la lluvia, aunque utilizó cuerdas y arnés debido a las condiciones extremas de aquel día.
Robert, de 63 años, felicitó públicamente a Honnold, reconociendo el paso adelante que supone eliminar por completo la red de seguridad en una estructura de esta magnitud.

¿Negocio o pasión?
La polémica sobre la comercialización del riesgo no tardó en aparecer. Honnold calificó el pago recibido por Netflix (estimado en cifras de seis dígitos) como “vergonzosamente pequeño” en comparación con otros deportes de masas. Aunque insistió en que el dinero era por el espectáculo de la transmisión en vivo y no por la escalada en sí. “Hubiera escalado el edificio gratis si me hubieran dado el permiso”, afirmó.
Tras completar la hazaña, Honnold se tomó varias selfies en la aguja final antes de rapelar de forma segura hacia el piso 88, donde fue recibido por su esposa, Sanni McCandless, cerrando así un nuevo capítulo en la historia de la escalada urbana.
Detalle
Altura total: 508 metros (1,667 pies)
Tiempo de ascenso: 1 hora, 31 minutos, 34 segundos
Pisos escalados: 101 plantas, más la aguja final
Estilo: Solo integral (Free Solo)
La preparación
Escalar acero y vidrio requiere una biomecánica radicalmente distinta a la del granito de Yosemite. Alex Honnold no improvisó. Adaptó su cuerpo y su mente para una “geometría perfecta” que no permite los errores de textura que ofrece la roca natural.
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Preparación física: del “Crimp” al “Pinch” metálico
En la roca natural, Honnold utiliza regletas, fisuras y adherencia de pies. En el Taipei 101, la superficie es lisa y los agarres son bordes de aluminio y marcos de acero de aproximadamente 2 a 3 centímetros de profundidad.
Entrenamiento en simuladores: Honnold trabajó en muros de escalada con presas diseñadas específicamente para imitar los perfiles en “L” y “U” de los marcos de las ventanas del edificio. El objetivo era fortalecer los tendones para soportar el peso del cuerpo sobre cantos vivos de metal, que suelen ser más agresivos para la piel que la piedra.
Resistencia muscular (endurance): El ascenso duró más de 90 minutos de esfuerzo isométrico constante. Entrenó sesiones de “escalada infinita” en muros de 45 grados para asegurar que sus antebrazos no se “inflaran” (acidosis láctica) antes de llegar a la zona de la aguja.
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Logística técnica: el factor goma vs. metal
Uno de los mayores secretos técnicos fue la elección del calzado. El caucho de los pies de gato está diseñado para el sílice de la roca, pero el metal y el vidrio tienen un coeficiente de fricción distinto, especialmente bajo la humedad de Taipéi.
Pies de gato personalizados: Utilizó una variante de La Sportiva TC Pro con un compuesto de goma más blando para maximizar la superficie de contacto en las placas de vidrio. Esto permitió una técnica de “smearing” (adherencia por presión) más efectiva.
Gestión de la humedad: Taipéi es extremadamente húmedo. Honnold tuvo que estudiar las corrientes de aire ascendentes de la ciudad que condensan humedad en los pisos superiores, convirtiendo el metal en una superficie jabonosa.

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El Desafío Psicológico: La “repetición hipnótica”
A diferencia de El Capitán, donde cada movimiento es diferente, el Taipei 101 es un patrón repetitivo.
Fatiga mental: el riesgo en el Taipei 101 es la pérdida de concentración debido a la monotonía del patrón. Honnold entrenó la “atención plena sostenida” para no mecanizar los movimientos. Buscó evitar cometer un descuido en el piso 80 que no cometió en el piso 10.
El efecto vértigo urbano: la escalada urbana ofrece referencias visuales (coches, luces, calles paralelas) que pueden distorsionar la percepción del equilibrio. Honnold realizó ascensos previos en estructuras menores para desensibilizar su cerebro al movimiento visual de la ciudad bajo sus pies.
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Protocolo de seguridad y retransmisión
Aunque fue un solo integral, la logística de Netflix y el equipo de apoyo fue masiva:
Drones de seguimiento: se utilizaron drones con cámaras de alta velocidad y bajo ruido para no generar turbulencias de aire cerca del escalador, un factor crítico que podría haberlo desestabilizado.

Ventana meteorológica: un equipo de meteorólogos analizó en tiempo real los vientos en la cima. El Taipei 101 tiene un amortiguador de masa (una bola de acero de 660 toneladas) en su interior para contrarrestar oscilaciones por viento. Honnold tuvo que escalar una estructura que, técnicamente, se mueve varios centímetros en las plantas superiores.
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Adaptación a la aguja final
Los últimos metros del edificio son una aguja de acero estrecha donde el espacio para los pies desaparece casi por completo. Aquí, la escalada pasó de ser técnica de pared a ser técnica de “chimenea” y “abrazar el poste”. Esto requirió una fuerza central (core) excepcional para mantener el cuerpo pegado a la estructura circular mientras el viento soplaba a más de 40 km/h
Este nivel de detalle demuestra que, aunque Alex Honnold parezca relajado en las entrevistas, su éxito es el resultado de una ingeniería humana tan precisa como la del propio edificio que escaló.




