El montañista argentino Martín Erroz completó una travesía continua que unió el océano Pacífico con la cumbre del volcán Ojos del Salado (Argentina/Chile, 6893 m), el más alto del mundo.
El desafío incluyó un recorrido total de más de 60 horas sin interrupciones relevantes, 700 kilómetros en bicicleta y un ascenso final en condiciones de alta montaña hasta la cima.
La travesía comenzó a la medianoche en bahía Inglesa, sobre el litoral del norte de Chile. Desde ese punto, Erroz inició el tramo inicial pedaleando hacia el interior del desierto de Atacama, con el objetivo de alcanzar la base del volcán por medios propios y sin cortes significativos en el esfuerzo.
Tras completar aproximadamente 350 kilómetros en bicicleta, el recorrido cambió de carácter. El asfalto dio paso a pistas de montaña y posteriormente a un terreno dominado por nieve reciente y viento.
El ascenso
A partir de ese punto dejó la bicicleta y comenzó el tramo pedestre, de unos 30 kilómetros en altura extrema hasta la cumbre. No se trata de una distancia vertical, sino de un recorrido real que combina planicies de altura, pendientes extensas y sectores técnicos en el tramo final.
En condiciones habituales, el ascenso al Ojos del Salado requiere entre diez y quince días de expedición con aclimatación progresiva. Erroz optó por una estrategia continua, con una ventana mínima de descanso antes del ataque final.
El tramo superior presentó nieve acumulada y viento persistente, lo que obligó a abrir huella en varios sectores y aumentó el desgaste físico.
El momento más delicado se concentró en el paso final hacia la cumbre, donde existe un corto tramo vertical equipado con cuerdas fijas. Con nieve reciente y las cuerdas endurecidas por el frío, el avance exigió máxima concentración.
El montañista realizó el ascenso en soledad y con un equipo reducido, en un período en el que no había expediciones en la montaña debido a las condiciones meteorológicas.
Antecedente
La travesía formaba parte de un proyecto que Erroz había intentado previamente en 2024. En aquella ocasión alcanzó el final del tramo en bicicleta tras más de 25 horas continuas, pero la falta de tiempo lo obligó a detenerse antes de iniciar el ascenso.
En el intento más reciente, además, tuvo que reorganizar el plan tras un robo de equipamiento ocurrido en la ciudad chilena de Los Andes. Regresó a Mendoza, consiguió material prestado y volvió a intentar la travesía.
El apoyo logístico estuvo a cargo de su amigo Marcelo Castellino, quien acompañó en vehículo el tramo de aproximación y facilitó puntos de hidratación y reposición mínima.
Una vez alcanzada la cumbre, quedaba todavía la mitad del recorrido: el descenso completo, la recuperación de la bicicleta y otros 350 kilómetros de pedaleo hasta el punto de partida.
El regreso a bahía Inglesa cerró una travesía circular que enlazó el nivel del mar con casi siete mil metros de altitud en un mismo esfuerzo continuo.
Con 50 años y una trayectoria marcada por numerosas ascensiones en los Andes -incluidas más de veinte en el Aconcagua (Argentina 6960,8 m)- Martín Erroz centró el proyecto en la continuidad del esfuerzo y en la combinación de ciclismo de larga distancia con montañismo de altura extrema.












