A los 42 años, con una bebé de apenas nueve meses y una rutina que combina maternidad, docencia universitaria y trabajo institucional, la ecuatoriana Karen Burbano concretó uno de los desafíos deportivos más exigentes que se hayan planteado recientemente en la cordillera ecuatoriana: ascender en una sola jornada las tres montañas más emblemáticas del país, Chimborazo, Cotopaxi y Cayambe, en un tiempo total acumulado de 13 horas y 18 minutos.
No se trató de un desafío simbólico ni turístico. Fue una apuesta de alto rendimiento, diseñada con precisión, donde cada tramo exigió velocidad, eficiencia técnica y una gestión extrema del esfuerzo en altura.
El proyecto implicó encadenar tres ascensos que, de manera individual, ya representan retos serios incluso para montañistas experimentados. Un objetivo subyacente, cargado de simbolismo, es poder concretar el desafío en menos de 24 horas, uniendo en automóvil cada montaña. La idea: transmitir todo lo que en un solo día se puede lograr en cuanto a metas y sueños.
El punto más contundente de la jornada fue el paso por el Chimborazo. En la montaña más alta del Ecuador, con más de 6.300 metros de altitud, Burbano logró un tiempo de 4 horas y 40 minutos en el tramo refugio–cumbre–refugio. Ese registro, según datos, constituye un FKT femenino que no se había conseguido antes en esa ruta específica.
Actualmente, los tiempos están en proceso de certificación oficial por parte de la organización Fastest Known Time, quienes ya le anticiparon a Karen su validez.
El tiempo vuela
Lo significativo no es sólo la marca. La rapidez en el Chimborazo implica moverse con soltura técnica en un terreno que combina glaciar, pendiente sostenida y altura extrema, donde cada error se paga caro. Un ritmo de ascenso como el que logró la ecuatoriana exige una preparación específica para tolerar la falta de oxígeno, mantener eficiencia en la pisada y sostener la concentración durante todo el trayecto.
El desafío continuó con el Cotopaxi y el Cayambe, dos montañas que, aunque más accesibles que el Chimborazo, requieren técnica en hielo, buen manejo del ritmo y una enorme resistencia física cuando se encadenan dentro de un mismo proyecto.
En el primero, el tiempo logrado fue de 3 horas 38 minutos y en el segundo, 5 horas exactas. Para todos los casos la modalidad fue refugio-cumbre-refugio -en Cotopaxi 300 metros más abajo del refugio, desde el parking-, siempre acompañada por el guía Reynaldo.
En total, Karen Burbano recorrió una distancia de 26,86 kilómetros, con un desnivel positivo de 3,760 metros. Los datos arrojan un ritmo de 17 minutos 54 segundos por cada kilómetro.
Eficiencia en altura
La clave fue la continuidad: no se trataba de tres ascensos aislados, sino de sostener un nivel alto de rendimiento durante casi quince horas seguidas.
El resultado final -las tres cumbres en 13h 10’- ubica el intento dentro de una lógica cada vez más vigente en el montañismo contemporáneo: la búsqueda de eficiencia, velocidad y precisión técnica en altura, más cerca del alpinismo moderno que del estilo clásico. No hay margen para improvisar cuando el objetivo es moverse rápido y seguro a más de 6.000 metros.
Detrás del desafío hubo un proceso de preparación exigente. Burbano se entrenó bajo la supervisión de la kinesióloga argentina Gisela Toledo, especializada en medicina de montaña, y del alpinista checo Martin Zohr, recordman en Aconcagua. Ellos diseñaron un trabajo orientado a resistencia en altura, fuerza específica y recuperación rápida.
El entrenamiento incluyó sesiones durante el embarazo y una rápida vuelta a la actividad pocos meses después de dar a luz, algo que en el mundo del alto rendimiento es poco frecuente.
Durante el puerperio, se le diseñó un plan de simulación de altura con un equipo especial para que pudiera entrenar, exigirse, dormir en condición de altura, y hacerlo junto a su bebé, en su casa.
Como parte de la preparación, Karen participó en carreras de montaña de alto nivel, entre ellas los 80k Quito Trail Ecuador by UTMB. Esto le permitió trasladar a la montaña un perfil híbrido: resistencia de corredora y técnica de alpinista.
Un proyecto integral
Sin embargo, el desafío no se explica sólo desde lo físico. Burbano concibe la montaña como un espacio de transformación personal, un aspecto en igualdad de planos frente a la dimensión deportiva. En este caso, la búsqueda no fue únicamente espiritual o simbólica: fue un objetivo concreto, medible y competitivo.
El proyecto de las tres cumbres combina así varias capas. Por un lado, una marca deportiva que busca reconocimiento oficial. Por otro, una forma de alpinismo cada vez más presente en América Latina: rápida, eficiente, técnica y orientada al rendimiento. Y una historia personal que rompe prejuicios todavía vigentes en el mundo de la montaña, especialmente en relación con la edad y la maternidad.
Con la validación del FKT en Chimborazo, Cotopaxi y Cayambe, el desafío de Karen Burbano queda registrado como uno de los esfuerzos más destacados recientes en la alta montaña ecuatoriana.
El proyecto marca un punto central: el límite ya no está sólo en llegar a la cima, sino en cómo se llega. Y en ese terreno, velocidad y técnica pasan a ser tan importantes como la propia montaña.
(Ph: Roberto Sarmiento @rober_sarmientog y Roberto Cueva @robertocuevac)














