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Una montañista abandonada en el Techo de Kirguistán

La desaparición de Natalia Nagovitsyna, tras sufrir una fractura a 7.150 metros en el Jengish Chokusu, en Kirguistán, reabre el debate ético sobre los límites y los riesgos del alpinismo extremo, donde un rescate es una misión casi imposible.

27/08/2025
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La frontera entre la hazaña y la tragedia en el alpinismo de alto riesgo es delgada y gélida. Este axioma se encarna en la angustiosa situación de la montañera rusa Natalia Nagovitsyna, de 47 años, cuyo paradero final, tras quedar atrapada con una pierna fracturada, se encuentra a más de 7.150 metros en el Jengish Chokusu (Pico Pobeda), la cumbre más alta de Kirguistán (7.439 m). 

Su caso, que conmociona a la comunidad internacional, trasciende el drama humano para plantear una incómoda interrogante: ¿hasta qué punto la búsqueda de lo sublime en la montaña justifica exponerse a un destino del que no hay retorno?

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La historia sin fin

El accidente ocurrió el 12 de agosto durante el descenso de la cumbre, que Nagovitsyna, una alpinista experta que estaba a punto de lograr el codiciado título “Leopardo de las Nieves”, un viejo premio por ascender las cinco montañas más elevadas de la ex Unión Soviética. 

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Sus compañeros, un ruso, un alemán y el italiano Luca Sinigaglia, la auxiliaron inicialmente, dejándola en una tienda con provisiones. Con el tremendo saldo del fallecimiento de Sinigaglia, víctima de un edema y congelamiento.

Las condiciones meteorológicas se tornaron ciclónicas, con temperaturas de -30 °C y vientos huracanados, imposibilitando cualquier evacuación.

Los sucesivos intentos de rescate con helicópteros militares fracasaron estrepitosamente; uno de ellos tuvo que realizar un aterrizaje forzoso. 

La última prueba de vida data del 19 de agosto, cuando un dron la grabó agitando una mano desde su tienda. 

No obstante, las autoridades kirguisas, tras varios operativos abortados por tormentas, declararon la misión “imposible” y la suspendieron indefinidamente. El portavoz del Ministerio de Situaciones de Emergencia, Adyl Chargynov, fue contundente: “Es imposible llegar. Todos los expertos creen que ya no puede estar viva”.

La familia al frente

El veredicto choca con la desesperada súplica de su hijo, Mijaíl. A través de redes sociales, el joven apela a las máximas instancias rusas para reactivar las labores, arguyendo que su madre, “en gran forma y llena de fuerza”, aún aguarda rescate. 

Su esperanza se estrella contra la cruda realidad geográfica y logística del Jengish Chokusu, una montaña de Kirguistán con una tasa de fatalidad que ronda el 25%. No se ha logrado evacuar a nadie de su cima desde 1955.


El destino parece empeñado con Natalia. En 2021, su esposo, Mikhail Nagovitsyn, sufrió un derrame cerebral y murió en el Khan Tengri (7.010 m), otro de los picos del Leopardo de las Nieves. Natalia fue testigo de la muerte de su compañero.

El debate

El inevitable abandono forzoso en la “zona de la muerte” reabre un debate inherente al alpinismo: la aceptación de un riesgo que, al materializarse, no sólo afecta al individuo, sino que moviliza -y pone en peligro- a equipos de rescate. Y sume en el desconsuelo a familias. 

La épica de conquistar gigantes se ve así empañada por la crudeza de una soledad absoluta ante la adversidad, donde la ayuda es, por definición, incierta y a menudo inviable.

La historia de Natalia Nagovitsyna en Kirguistán es un patente reflejo de que, en las grandes altitudes, la línea entre el deporte y la tragedia es tan delgada como el aire que se respira. 

Su destino final, sea cual sea, interroga no sólo a los montañistas, sino a la propia esencia de desafiar lo inexpugnable.

Pese a todo y contra todo, conservamos la esperanza. Porque somos montañistas.

Tags: alpinismodeporteescaladainviernoitaliamontañamontañismonaturalezanieverelatos
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