Pertenece al grupo de grandes montañas de Catamarca, cuya cima mayor es el Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo. Poco conocido y menos ascendido, cómo resolver la logística es el gran desafío en el Walther Penck.
Por Adrián Camerano
El enorme Walther Penck y a su lado el volcán Olmedo. (Ph: Ulises Kusnezov)

Conforme se flexibilizaron en Argentina las restricciones por la pandemia de coronavirus, varios de los seis miles que jalonan la cordillera de los Andes, como el volcán Walther Penck, comienzan a ser redescubiertos por deportistas que planifican sus expediciones para la próxima temporada.

Catamarca es una de las zonas apuntadas, con un coro de montañas imponentes, cuyo rey es el Ojos del Salado. Pero que ofrece otras cumbres apenas menos elevadas y tan desafiantes como el volcán más alto del mundo.

Uno de esos desafíos es el Walther Penck, que en Chile también llaman Cazadero o Cazadero Grande. Además de lo relativo a la logística, el aislamiento y la altura -6658 msnm-, alcanzar su cima representa un desafío adicional: se trata de una de las grandes montañas argentinas que menos ascensos registra.

Cerca de la cumbre del Walther Penck, de 6658 msnm, en la cordillera catamarqueña. (Ph: Ulises Kusnezov)
Seis mil poco conocido

“Es uno de los seis miles menos ascendidos. Calculo que unas treinta veces se habrá llegado a la cumbre” considera Guillermo Almaraz, de los andinistas que mejor conoce el Walther Penck.

Debe su nombre a un naturalista y cartógrafo alemán que durante el siglo pasado trabajó intensivamente en la zona.

Vecino del Ojos del Salado, el Walter Penck comparte con éste el paisaje, el tipo de suelo, los modos de aproximar -el más frecuente en 4×4, aunque se puede hacer caminando- y los desafíos relativos a la logística, que no son pocos. Quizás allí radique una de las explicaciones acerca de por qué no ha sido tan coronado como sus montañas vecinas.

Durante su participación en el ciclo virtual “10 montañas de los Andes”, de Volcano Expediciones, Almaraz consideró que el Walther Penck “es el más desconocido, el último en ser ascendido y el que tiene menos ascensos”.

Eduardo Salas descendiendo del Walther Penck, con el Ojos del Salado al frente. (Ph: Ulises Kusnezov)

La primera expedición en coronar cumbre data de 1970, hace poco más de medio siglo, y tuvo por integrantes a dos chilenos y a un japonés, jefe de grupo.

Tres torreones y un testimonio

Como a tantas grandes montañas catamarqueñas, el Walther Penck ofrece la posibilidad de aproximar en vehículo todo terreno hasta una altura nada despreciable, superior a los cinco mil metros.

Se llega tomando la ruta 60 desde Fiambalá hasta el paso San Francisco, con vistas imponentes en la que se impone su cumbre Sur, que no es la principal. Siguiendo el curso del río Cazadero, la aproximación culmina en el campamento base.

La cumbre se intenta en una jornada bien larga o en dos días, para hacerlo más descansado. El primer campamento de altura se encuentra a unas cuatro horas de marcha del base, a 5745 metros, cercano a un nevero.

Al día siguiente se parte a la cima buscando la ruta que viene del arenal. La cumbre, relata Almaraz, presenta tres torreones pequeños. En uno de ellos está el clásico testimonio.

Walter Penck, por su dificultad logística es uno de los seis miles menos ascendido de los Andes (Ph: Ulises Kusnezov)

“El Penck es una montaña compleja y desconocida, con collados de altura y cumbres aledañas superiores a los 6 mil metros. La cara más interesante es la Este, donde hay un campo permanente de hielo que llamamos Glaciar Este”, detalla.

Esa es la ruta a través de la cual el experto y sus compañeros hicieron cumbre en 1999, pero actualmente está en desuso.

Aproximar a pie durante extensísimas jornadas en ese paisaje imponente “es más interesante, pero lleva más tiempo y recursos”, advierte Almaraz.

La época ideal para encarar la expedición es de diciembre a marzo, aunque con un poco de suerte, el tiempo puede también abrir la puerta a este gigante argentino en noviembre y abril.