Valeria, la cicloviajera argentina, surca con su bicicleta recónditos caminos del país y Sudamérica. Viaja solitaria y sin gran planificación. Su objetivo es encontrarse con gente de los más remotos lugares, e intercambiar aprendizajes de protección del planeta.
Valeria recorre en su bicicleta lugares remotos y desconocidos, con su mensaje proteccionista.
Valeria recorre en su bicicleta lugares remotos y desconocidos, con su mensaje proteccionista.

Valeria toma mate en su casa materna de Adrogué, en la provincia de Buenos Aires, con el otoño insinuándose en su ventana. Es tiempo de recuperación. Para ella (para su tobillo) y para Mamba Negra, su bicicleta/hermana con quien desde hace 28 años recorre rutas y caminos, poblados, caseríos, dunas y montañas de Argentina, Uruguay, Sudamérica y aledaños.

Un incansable peregrinaje de libertad y conciencia. Su libertad personal, propia, íntima, y la conciencia de protección ambiental que con su andar y su palabra transmite a quien quiera escucharla. Donde sea que las encuentren, a Valeria y a Mamba.

Valeria Carolina Olivella nació “hace pocas décadas” en Lomas de Zamora, y vive, cuando está quieta, en San Vicente, siempre fiel a la zona Sur del conurbano bonaerense.

Su profesión de base es Guía Nacional de Turismo. Su itinerante trabajo la encontró el año pasado, al comenzar la pandemia, como guía en el Parque Nacional El Palmar de Entre Ríos. En los últimos años, ha sido guardaparques de apoyo en el cerro Aconcagua, Mendoza, y en varios parques provinciales y áreas protegidas a lo largo de Argentina.

Para llevar a cabo sus proyectos personales, pero sobre todo por fidelidad a sí misma, Valeria siempre trabajó en forma independiente, postulándose ante oportunidades de trabajo por temporadas. En El Palmar, por caso, trabaja desde hace 11 años, pero siempre contratada como guía independiente por agencias o escuelas que en temporada realizan allí sus viajes educativos.

Valeria Olivella es la creadora y gestora del proyecto Guardianes del Planeta.
Valeria Olivella es la creadora y gestora del proyecto Guardianes del Planeta.

Camarera, bailarina profesional de toda la vida, constructora, jardinera, artesana, son todos oficios que alguna vez ejerció, o sigue haciéndolo, que la ayudan a concretar sus sueños. Uno de los cuales comenzó a concebir en 2011.

La génesis

Por aquel entonces, Valeria viajaba por las provincias argentinas de Catamarca y La Rioja. En esta última, en la ciudad de Famatina, su llegada coincidió con la pueblada antiminera, aquella verdadera rebelión popular en defensa del ambiente amenazado por las mineras.

“Estuve acampando con ellos, haciendo frente”, recuerda. “Cuando volví, armé un proyecto, con la idea de visibilizar ideas del cuidado de la naturaleza, de educación ambiental, pequeñas acciones de cada lugar”.

El proyecto, que se llama Guardianes del Planeta, cuenta con dos pilares fundamentales: lo lleva adelante en bicicleta, en su Mamba Negra, y no cobra un solo peso por ello. “Nunca fui a dar una charla en una escuelita, en una plaza, en un camping y cobré por eso. Sí van surgiendo intercambios, gente que te dona un mate, un paquete de yerba, una caja de lápices u hojas para otras charlas en otros pueblos”.

"Los chicos quieren que les cuentes cosas, de viajes, de otros lugares” relata Valeria.
«Los chicos quieren que les cuentes cosas, de viajes, de otros lugares” relata Valeria.

“Me gasto los ahorros y voy viajando” resume sin dobleces. Es que su obsesión es llegar a los lugares más recónditos y olvidados, ignotos y lejanos, con su mensaje y sus ideas, sin que la gente necesite tener plata para recibir una charla de cómo separar residuos, o qué hacer con el plástico.

Tres años atrás recorrió en su bicicleta todo el Uruguay y el Sur de Brasil en el marco de su solitario proyecto. En las playas de Piriápolis, conoció y se involucró en una iniciativa de protección de fauna costera, primero como simple colaboradora, y luego formando parte del equipo años tras año, para proteger y cuidar la fauna marina de las costas uruguayas.

La Buenos Aires del olvido

Su última aventura la llevó a cabo cuando apenas el Covid-19 dio un pequeño respiro sobre el final de la primavera austral. Un día de lluvia, Valeria y Mamba Negra dejaron San Vicente con rumbo a Constitución. Allí tomaron el tren hasta la ciudad de Bahía Blanca, donde comenzaron efectivamente el viaje proyectado.

El objetivo fue recorrer el extremo austral de la provincia de Buenos Aires, la “patita” patagónica, visitando cada pueblito por intrincados caminos rurales, sin tocar nunca la muy transitada -y por ende peligrosa- ruta nacional 3.

Valeria y su Mamba Negra, amigas inseparables por las rutas más remotas.
Valeria y su Mamba Negra, amigas inseparables por las rutas más remotas.

“No tenía idea con lo que iba a encontrarme. Soy guía nacional de turismo, pero todo lo descubrí en el viaje”. Pueblitos perdidos de 10 o 20 habitantes, en donde siempre la primera pregunta fue “¿anda sola en bicicleta?”.

La estructura de la iniciativa es la ausencia de estructura. Valeria va de pueblo en pueblo y van surgiendo naturalmente charlas, conversaciones, encuentros, intercambios. Nada programado y todo librado a la sorpresa y el descubrimiento.

“Ahora fue más limitado por la pandemia, hablé con gente, pero en grupos pequeños, familias. La gente estaba muy encerrada con miedos, hay pueblos de 30 personas que estuvieron 8 meses encerrados. Para alguna gente llega la hippie que va llevando el virus de pueblo en pueblo”.

Enorme diversidad

El desconcertante paisaje se fue ofreciendo ante Valeria en forma de enormes dunas, durísimos arenales, infinidad de minúsculas lagunas, pequeñas sierras, suaves ondulaciones, extensas playas. “Hay una diversidad enorme. De un lado una laguna de agua salada con saladeros, del otro lado unas pequeñas lomadas con pastizal pampeano y capaz que más atrás un arroyito” describe nuestra cicloviajera.

Buena experiencia en Uruguay en un proyecto de protección de fauna costera.
Buena experiencia en Uruguay en un proyecto de protección de fauna costera.

Se asombró que en algunos pueblos nunca nadie había visto a una mujer en bicicleta con alforjas viajando en forma autosuficiente. Allí donde hoy en día la visión de la mujer es “de puertas adentro. Una vez paré para hablar con un matrimonio, les pregunté algo. El hombre enseguida se paró al frente y me contestó, mientras la mujer agachaba la cabeza. Muy fuerte”.

Descubrió gente que, por ejemplo, no conocía la ciudad de Bahía Blanca, que está a 60 kilómetros. “Para ellos era importante mi charla, y para mí conocer lo que ellos hacen en sus pueblos, dónde viven, cómo van los chicos a la escuela. Aprendí sobre la historia, aprendí de las personas, historias de vida, sobre todo de mujeres de campo”. Cuando el intercambio se produce, llega la satisfacción.

El saldo de la aventura, como siempre, ha sido altamente positivo para Valeria. Siente que su proyecto resulta, que todo vale la pena: “Una sale totalmente predispuesta al intercambio, a escuchar, al aprendizaje. Para la gente es re loco que llegues con tu bici. Me invitan a comer, la gente se para en las plazas, me traen frutas, los chicos quieren que les cuentes cosas, de viajes, de otros lugares”.

Valeria en una escuelita de uno de los pueblos que visitó, brindando su mensaje.
Valeria en una escuelita de uno de los pueblos que visitó, brindando su mensaje.
Sur, recuperación y después

Su cuerpo y la Mamba Negra necesitaban, después de un mes en la ruta, recuperar fuerzas para abordar próximos horizontes: “Tengo muchas ideas locas. Entre Ríos, El Palmar y dos proyectos grandes para algún momento: desde la desembocadura hasta la naciente del río Uruguay, cerca de Florianópolis, Pelotas (Brasil), unos 1700 km. Y todo el recorrido por las 30 estancias jesuítico-guaraníes en Argentina, Brasil y Paraguay, para más adelante”.

Valeria siempre viaja sola, porque solitario es su estilo. Controla el ritmo de su pedaleo, se entiende de memoria con Mamba Negra. Es libre de parar allí donde una charla es posible, sin pensar en kilometrajes ni tiempos, ni dónde o cómo dormir, en el campo, detrás de un árbol, bajo las estrellas. Aprendió a tomar los necesarios recaudos para salir y andar siempre con buena energía, sin miedo.

Busca finalmente transmitir que “cualquiera puede salir a recorrer, llevar un mensaje y ser simplemente un instrumento para que gente vea formas de vida de otros lados. No necesitas ni un super auto ni la super bici, ni los super borcegos para caminar los pueblos. No llevo sponsors ni bandera política. Es el intercambio con la gente y nada más”.

"No necesitas ni un super auto ni la super bici, ni los super borcegos para caminar los pueblos".
«No necesitas ni un super auto ni la super bici, ni los super borcegos para caminar los pueblos».

Y allí donde sus palabras encuentran eco, Valeria siente que el objetivo está cumplido. Su pequeña, pero inmensa misión, se convierte en realidad: “La gente ve que en otros lados también se hacen cosas, no somos los únicos y es posible hacer un cambio. Para nuestros hijos y las futuras generaciones”.

El itinerario
  • Bahía Blanca
  • Gral. Daniel Cerri
  • Villarino
  • Ombucta
  • Teniente Origone
  • Hilario Ascasubi
  • Mayor Buratovich
  • La Salada
  • Pedro Luro
  • Villalonga
  • Stroeder
  • Villa Los Pocitos
  • Bahía San Blas
  • José B. Casas
  • Chapalcó
  • Algarrobo
  • Médanos
  • Argerich
  • Villa de Mar
  • Punta Alta
  • Pehuen-Có