Desaparecieron en 1996 cuando ascendían el Plata, de 5.962 metros, en la cordillera frontal de Mendoza, Argentina. En abril pasado, Juan Cruz, guía de montaña, subía en solitario y halló sus cuerpos cerca del filo de la cumbre, acostados uno junto al otro, casi intactos. Respetuoso y emocionado relato del protagonista del hallazgo.
Por Juan Cruz Rodríguez (*)
...A las 7 saqué una foto y se me apagó el celular. Se me helaban los dedos de la mano...
…A las 7 saqué una foto y se me apagó el celular. Se me helaban los dedos de la mano…

Ante todo, quiero expresar mucho respeto y agradecimiento al monte, que tantos espacios de felicidad plena y alegría nos da. Tanta incertidumbre acompaña y al final siempre volvemos con algo nuevo aprendido.

El sábado 17 de abril aproximé hasta la base de la cara Sur del cerro Plata pensando que iba a tener que elegir entre comer o derretir agua, porque estaba muy corto de gas.

A las 14, llegando al circo glaciario, empecé a escuchar que corría agua. Instantáneamente se me llenó de alegría el cuerpo y comencé a buscar de dónde venía. El agua en estos lugares es sagrada.

Apareció en un tramo de 100 metros y después ya se ocultaba en las morrenas. Allí al lado nomás empecé a mover piedras para armar el vivac. Mucho protector para el sol y a hidratar, todo el tiempo mirando la pared y buscando por dónde iba a pasar. La ruta ya la tenía en mente.

Me pasé largo rato calculando horarios para salir al pegue y que no me agarre el sol en el medio del glaciar. Ni tampoco que me sorprenda el amanecer en el filo helado. Resultó así que a las 2:45 am puse la alarma para estar caminando a las 4 am del domingo.

El plan de ascenso al Plata de Juan Cruz, por su pared Sur.
El plan de ascenso al Plata de Juan Cruz, por su pared Sur.

A las 6:30 pm del sábado cené una sopa de fideos y a las 7 pm ya estaba tratando de dormir, aunque resultó casi imposible por tanta incertidumbre.

Plan de ascenso al Plata

El domingo 18 a las 3 am me levanté y vi que todo el glaciar se iluminaba de blanco cada 20 segundos. Era por los relámpagos que había en la ciudad.

Muy emocionado me calcé las Koflach llenas de talco y a las 4:04 am estaba caminando en ayunas para arriba.

Fui hasta el coll Nieveros -Plata, acarreo y después planchón de nieve. Cuando llegué arriba me aguanté las ganas de comer y caminé hasta el inicio del glaciar. Allí a las 5:40 am desayuné un puñado de pasas, uno de maní y uno de nueces. Listo para empezar a subir por la nieve dura y fría, a puro zig zag tratando de agarrar calor en los pies.

A las 7 saqué una foto y se me apagó el celular. Se me helaban los dedos de la mano. 8:30 am salió el sol, intenté ponerme protector, pero se me cayó para abajo. Se me venía un largo día de quemarme la cara.

Seguí subiendo un poco más por el glaciar, pero se empezó a ablandar la nieve y cada paso costaba el doble. Así decidí tirarme al acarreo de la izquierda para salir al filo.

...cuando miro al filo donde iba a salir vi un bulto grande de colores. Parecía que alguien me estaba mirando...
…cuando miro al filo donde iba a salir vi un bulto grande de colores. Parecía que alguien me estaba mirando…
Almas y cuerpos

Caminé una hora por el acarreo, descansé a las 9:30 am en una roca (a 5.500 m aproximadamente), con mucho frío en las manos. Puñado de pasas y a salirle al filo.

Hice algunos zig zag por el acarreo mientras me reanimaba las manos. De pronto vi la varilla de una carpa. Me resultó extraño, pero seguí caminando para arriba. Dos zig zag más y a la izquierda… una tela rosada. Ahí si me empecé a cuestionar algunas cosas.

Pasaron unos segundos. Dos pasos más y cuando miro al filo donde iba a salir vi un bulto grande de colores. Parecía que alguien me estaba mirando…

Listo, acá sí me quedé sin aire y me empezó a dar muchísimo miedo. En ese momento cambió todo mi pegue, ya imaginaba toda la situación. Me acerqué… eran dos personas, acostadas una al lado de la otra, como si hubieran intentado pasar la noche.

Realmente sentía que me estaban observando y que sabían que yo estaba ahí. Eran alma y cuerpo juntas, de verdad sentía que uno se iba a levantar.

Tuve mucho miedo y a la vez tristeza por el desamparo de esos chicos intentando pasar el pesto con algo de esperanza.

Dudas, shock y adrenalina

Dudas, shock y adrenalina, todo junto. A la vez, frío en todo el cuerpo porque en el filo (5.600 m) pegaba firme el viento. Estuve un minuto pensando que alucinaba. El resto fue caer en la cuenta de que todo era real.

Decidí no quedarme más tiempo y salir lo antes posible a la cumbre para poder bajar a Vallecitos y regresar a casa. En el filo se me empañaban los lentes, pero seguía igual tanteando y caminando, no quería parar ni un segundo.

Hice cumbre a las 11 am. Después estuve toda la bajada del Plata pensando ¿quiénes habrán sido estos chicos? ¿qué vida habrán tenido? ¿cómo se llaman? ¿hay alguien que sepa que están acá?

Fueron largas horas de caminar para abajo, hablando solo y deseando llegar lo antes posible. Cinco horas después llegué a los refugios. Me crucé con amigos, pero no sabía cómo encarar la situación. Eran las 17 y se me hacía tarde para hacer dedo. Mochila al hombro y a la calle.

Me levantaron y acercaron hasta antes del asfalto. Allí me crucé con Maca y Stefa, unos compas de la escuela de guías y me llevaron. Les conté de esto y Maca instantáneamente me contó toda la historia. Me decía «son ellos, son Nico y Leroy, los han buscado muchos años. No tengas miedo, lo que te acaba de ocurrir es un regalo de los Apus del monte. Vas a dejar a mucha gente tranquila y en paz». Nada más que decir.

Envío abrazos enormes para toda la gente que los conoció o compartió un rato con Nico y Leroy. Sepan que lo estaban dando todo y estaban buscando un lugar para intentar pasar la noche o el día de pesto. La montaña decidió quedárselos un largo tiempo.

Hoy fue momento de soltarlos para poder darle una oportunidad a la familia de despedirlos y verlos una última vez.

Deseo paz para todas las personas que tanto los extrañaron y tanto los buscaron. Y para la familia, que puedan cerrar este ciclo de espera en paz.

Nico y Leroy, grandes Titanes del monte.

Juan Cruz Rodríguez, guía de trekking.
Juan Cruz Rodríguez, guía de trekking.

(*) Juan Cruz Rodríguez tiene 23 años. Nació en La Paz, Entre Ríos, y vivió muchos años en El Bolsón, Río Negro, donde cultivó su amor por la montaña. Se diplomó como Guía de Trekking en la Escuela Provincial de Guías de Montaña y Trekking de Mendoza.

El rescate

Nicolás Ibaceta y Leroy Villa desparecieron en inmediaciones de la cumbre del cerro Plata, la mayor altura del cordón homónimo en la cordillera frontal de Mendoza. Intentaban su ascenso, en junio de 1996. Tenían entonces 21 y 22 años, ambos de Uspallata, Las Heras, Mendoza.

El domingo 18 de abril de 2021 sus cuerpos fueron divisados por el guía Juan Cruz Rodríguez, tal como él mismo relata en estas líneas.

Entre el lunes 26 y el martes 27 de abril, Juan Cruz y un grupo de 8 rescatistas de la Patrulla de Rescate de la Policía mendocina ascendieron el Plata en busca de los cuerpos. Los hallaron gracias a la orientación de Rodríguez.

El trabajoso descenso de los cuerpos de Nico y Leroy por la vía Sur del Plata. (Ph Juan Cruz Rodríguez)
El trabajoso descenso de los cuerpos de Nico y Leroy por la vía Sur del Plata. (Ph Juan Cruz Rodríguez)

Ante la dificultad que revestía la maniobra de descenso de ambos cadáveres, decidieron bajar por la pared Sur del Plata, en lugar de desandar la ruta normal. Otros 7 efectivos comenzaron por esa vía el ascenso para encontrarlos, lo que ocurrió el miércoles 28 de abril a las 9:30 pm, en la laguna del Platita.

Dos policías pasaron allí la noche junto a los cuerpos de Nico y Leroy, mientras el resto de los rescatistas bajó. A la mañana siguiente un helicóptero los extrajo de la montaña.

Cerca del mediodía de este jueves 29 de abril, la aeronave aterrizó en el helipuerto de la base Cóndor, en Las Heras. Allí esperaba un grupo de familiares de Nico y Leroy, que después de 25 años lograrán cerrar tanta angustia contenida.