Fue la primera argentina en lograr un 8 mil, el Gasherbrun I en 2003. Se accidentó y murió mientras descendía.

Nancy Silvestrini, Lito Sánchez y Ulises Corvalán el 11 de abril de 1999 en el cerro Pelado, Precordillera de Mendoza. (Foto: Lito Sánchez)
Nancy Silvestrini, Lito Sánchez y Ulises Corvalán el 11 de abril de 1999 en el cerro Pelado, Precordillera de Mendoza. (Foto: Lito Sánchez)

Nancy Noemí Silvestrini nació en Mendoza el 5 de abril de 1972. Vivió en el distrito Kilómetro 11, en el Guaymallén más profundo. Estudió la carrera de Análisis de Sistemas. La vida la puso a prueba y en poco tiempo perdió a un hermano en un accidente de autos y a su esposo en una carrera de motos.

Tal vez semejantes golpes la acercaron definitivamente a la montaña en donde probablemente hay encontrado el consuelo y la fuerza para seguir adelante. Fue así como estudió y se recibió de Guía de Montaña en la EPGAMT.

Trabajó algunas temporadas en Aconcagua para la empresa Grajales, e hizo en ese lapso 6 cumbres. Pero no se quedó allí. Escaló en la Patagonia, en el Norte argentino, en Bolivia y en Perú, cerros como el Pissis, Sajama y Huayna Potosí, entre otros. De temporada en el Coloso conoció a un grupo de españoles que la invitaron a probar suerte en el Himalaya, nada menos.

En mayo de 2003, y gracias a su trabajo en temporada de Aconcagua, viajó a Madrid donde encontró a sus amigos con el objetivo de convertirse en la primera mujer argentina en pisar una cumbre de más de 8 mil metros. El elegido fue el bellísimo y complejo Gasherbrun I (Montaña Hermosa), de 8.068 metros, situado en la cordillera de Karakorum, en la frontera entre Pakistán y China.

El 5 de julio de ese año Nancy, junto a 5 de los 6 españoles, llegó a la undécima cumbre más alta del planeta -también llamada Hidden Peak- y en ese instante su nombre quedó incorporado a la Historia grande del montañismo.

Sus restos yacen aún en el Himalaya. Una placa en el Cementerio de Andinistas, Puente del Inca, honra su memoria.
Sus restos yacen aún en el Himalaya. Una placa en el Cementerio de Andinistas, Puente del Inca, honra su memoria.

Pero el destino le tenía dispuesto para ella la gloria y la muerte ese mismo día. Apenas iniciado el descenso, un feroz temporal se desató en semejantes alturas. Una terrible ráfaga de viento literalmente la elevó por los aires, a 7.300 metros, y fue a parar al fondo de una grieta, donde aún hoy descansa en la paz de su montaña. Otro de los miembros de la expedición, José Manuel Buenaga, también perdió su vida en aquella fatídica jornada.

Fue muy querida y respetada en Mendoza. Su familia y sus compañeros de montaña la recuerdan invariablemente en cada ronda de anécdotas y hazañas montañeras, y destaca el homenaje a su memoria en una placa en el Cementerio de Andinistas de Puente del Inca.

Nancy dedicó su vida a la montaña hasta el último aliento. Su legado es el que hoy se traduce en la creciente cantidad de mujeres que se adentran en el mundo del montañismo con verdadera pasión y vocación.