Desde hace una semana los 8 integrantes del equipo del británico viven en una mínima repisa colgados de la pared de 600 metros. Presumen que en estos días podrían lograr el objetivo: una nueva vía de escalada en el impresionante monte Roraima.

Leo atravesando la sección dura y empinada en el campo 5 (Ph: Berghaus).
Leo atravesando la sección dura y empinada en el campo 5 (Ph: Berghaus).

El equipo de escaladores liderado por el británico Leo Houlding continúa adelante en su plan de abrir una nueva vía de escalada libre en la inmensa pared del monte Roraima (2.810 m), en el límite entre Brasil, Venezuela y Guyana.

“Estamos comenzando el empujón final. Todavía no estamos en modo pánico, pero ciertamente somos conscientes del poco tiempo que nos queda para llegar a la cumbre. Al momento de escribir (07:00 am del 30 de noviembre) tenemos 5 días para llegar a la cumbre como un equipo completo, con todos, y con suerte una nueva ruta totalmente libre debajo de nosotros”.

De esta manera Leo comunicó en su bitácora que publica el sitio de la empresa Berghaus, principal patrocinador del reconocido escalador.

El equipo, integrado además por Anna Taylor, Wilson Cutbirt, Waldo Etherington, Matt Pycroft, Dan Howard y dos escaladores locales, comenzaron la aventura a principios de noviembre que duraría aproximadamente un mes.

El monte Roraima (tepui para los locales) es particular y fascinante, con una cumbre plana de 31 kilómetros cuadrados rodeada por acantilados con vistas al océano e infestada de tarántulas y escorpiones.

Progreso lento y constante

Leo destacó en su relato la fortaleza de Waldo Etherington, que por su fuerza, estado físico y conocimiento técnico de los sistemas de cuerda puede resolver solo lo que para muchos requeriría de un compañero. “Probablemente también lo haga más rápido y con mucho más entusiasmo” agregó.

Anna Taylor, en su primera experiencia en una gran muralla sufrió una caída sin consecuencias. Pero no perdió la sonrisa. (Ph: Berghaus)
Anna Taylor, en su primera experiencia en una gran muralla sufrió una caída sin consecuencias. Pero no perdió la sonrisa. (Ph: Berghaus)

En tanto, Leo y Wilson han estado “progresando lenta pero constantemente la línea directamente a través de la parte más empinada”.

El aislamiento de la montaña implica tener mucho cuidado en el uso de los recursos, básicamente agua y alimentos. “Estar bien organizado y preparado es un punto crítico aquí -escribe Leo-. Los recursos se limitan a lo que tenemos con nosotros y no hay posibilidad de que nos envíen otro material en una expedición de este tipo”.

La ruta que pretenden abrir en el monte Roraima comparte una primera sección con la línea seguida en 1973 por una expedición británica, para luego desviarse a la parte superior.

¡Basta de jungla y barro!

“Ayer todos nos mudamos al campamento que instalamos en la pared, que es precario, pero milagrosamente seco. ¡Basta de jungla y barro!”, se lee en el post del lunes 25 de noviembre.

A partir de entonces, la vida del team se trasladó a la pared y a vivacs, “terrazas portaledge, protegidas con raíces y repisas gigantes”.

El inicio de la ruta resultó ser hostil, con material suelto que ralentizó el progreso en la pared. Houlding lanzó los primeros tres largos siguiendo exactamente el camino de 1973. El tercero los llevó a la llamada terraza de la tarántula… “un nombre no irónico, Troy encontró una tarántula en su bota mientras veía a Anna enganchada en la pared”.

Anna guió la apertura del cuarto lanzamiento, más complicado que los anteriores. Subido por Mo Antoine en 1973, Taylor estuvo involucrado durante dos días estudiando cómo liberarlo y tuvo que enfrentar una caída. Eso no asustó a Anna en absoluto, quien en el monte Roraima participa en su primera expedición de gran muralla.

Lanzado el cuarto, Leo decidió continuar la nueva ruta con desviación a la izquierda respecto de la de 1973. Después de un recorrido insidioso, se encontró con que tenía que colocar un clavo para mantenerse precariamente equilibrado en una pequeña repisa sobre el abismo. Una vez superado el momento crítico, llegaron a un punto crucial de la escalada: la repisa invisible.

La repisa invisible

La repisa invisible puede considerarse la fuente de inspiración para la expedición. Wilson le había mostrado a Houlding una foto tomada desde ese punto, mirando hacia abajo. “Fue esa foto la que convirtió la idea en realidad y le dio al viaje un objetivo”, dijo Leo. Suponiendo que hay una línea potencial para escalar por encima y por debajo de ese punto del monte Roraima. “No se puede ver desde el suelo y por eso se define como invisible. Pero si llegas allí, es mejor de lo que podrías haber esperado. Un claro de 1 m x 10 m, perfecto como soporte para nuestro próximo campamento”.

Mientras tanto, Etherington se dedicó a la preparación técnica de los dos amerindios del equipo, Troy y Edward. Estos parecen haber adquirido las habilidades técnicas adecuadas. Han escalado los primeros tres largos sin dificultad, con cuerdas fijas, hasta la terraza de la tarántula.

Escuela de escalada, hablando del kit y las técnicas. Troy a la izquierda, Edward en el medio, Waldo a la derecha. (Ph: Berghaus)
Escuela de escalada, hablando del kit y las técnicas. Troy a la izquierda, Edward en el medio, Waldo a la derecha. (Ph: Berghaus)

La cantidad de energía que se necesita para subir es enorme. Y el grado técnico de escalada que se les da a esos campos de ninguna manera refleja la dificultad de liderar todo a primera vista, desde cero.

“Todavía no estamos en la cima, y ​​no tenemos que perder el tiempo. Hacia adelante y hacia arriba está el orden del día. Y las cosas seguirán así hasta que los ocho se encuentren en la cumbre. Para hacer las cosas un poco más complicadas, nos estamos quedando sin comida. Tuvimos que donar mucho más de lo que esperábamos a los porteadores para su viaje de regreso. Durante el último tiempo hemos estado en una rotación de medias raciones cada dos días. Estamos en el lado correcto del déficit de calorías, pero no quisiéramos vivir así por mucho más tiempo”. Así describe, no exento de buen humor, Leo Houlding.

Vivir en la pared

Vivir como equipo ocho personas en esa repisa delgada presenta grandes dificultades. Por ejemplo por la cantidad de agua necesaria, y las preocupaciones de seguridad por tener miembros del equipo inexpertos.

El campamento en la pared baja casi siempre está protegido del viento y la lluvia. La repisa invisible en cambio está más expuesta a tormentas de lluvia y al agua que fluye desde arriba.

“El reloj corre, y aunque se requiere acción, también planificación meticulosa. El posicionamiento de los miembros del equipo y la asignación de responsabilidades es fundamental si queremos llegar a la cumbre a tiempo para la noche del 4 de diciembre” concluye el último posteo de la expedición.

Leo Houlding haciendo lo que más sabe, en el monte Roraima. (Ph: Berghaus)
Leo Houlding haciendo lo que más sabe, en el monte Roraima. (Ph: Berghaus)

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