En modo trekking de tres días, dos jóvenes completaron la vuelta al cerro Huemul, uno de los circuitos menos concurridos de la magnífica zona de El Chaltén. Una forma de vivir la belleza de la Patagonia Austral profunda.
El último día de la aventura, desde el estacionamiento hacia El Chaltén.
El último día de la aventura, desde el estacionamiento hacia El Chaltén.

Un deslumbre tras otro. Eso es lo que vivieron Tomás Torres y Gonzalo Pontiggia, dos amantes del senderismo y la vida al aire libre que se propusieron explorar en El Chaltén un destino que no está entre los tradicionales de la Capital Nacional del Trekking. Pero que, por imposición de paisajes, merece ser tenido en cuenta: la vuelta al cerro Huemul.

La experiencia demandó cuatro días, de variada intensidad y exigencia. La primera meta es llegar a la bella laguna Toro, tras una caminata sin mayor dificultad que puede prolongarse hasta ocho horas. El sendero atraviesa un bosque de lengas y ñires bastante cerrado, que parece de película, que tras unas dos horas de recorrido se abre y permite apreciar el majestuoso lago Viedma y la cara Norte del cerro Huemul.

“Enseguida, casi de improviso, el bosque termina y a lo lejos puede apreciarse la mejor vista del primer día de caminata: el Glaciar Túnel Inferior, del cual se desprende un río visible que abastece a la Laguna Toro, donde hicimos el primer campamento”, relata Tomás.

Bahía de los Témpanos desde la playa de piedras. Se desprenden del glaciar Viedma y viajan hasta la costa.
Bahía de los Témpanos desde la playa de piedras. Se desprenden del glaciar Viedma y viajan hasta la costa.

Todavía restan algunas horas de caminata hasta ese punto, por un sendero que comienza a bajar bordeando el río que nace en la Toro. Abundan las vistas de picos nevados, los bosques vírgenes y milenarios, el regocijo de transitar una zona poco visitada. A descansar, que el segundo día deparará sorpresas.

Desafíos

Aún para caminantes experimentados, la segunda jornada de marcha entraña un desafío físico y mental. “Un desafío que todos y todas deberían vivir al menos una vez -se entusiasma Gonzalo, uno de los protagonistas de la historia en El Chaltén-. Es un día donde olvidás completamente todo lo que no tenga que ver con vos y la montaña. En ese momento sos vos y la conexión con el entorno, no hay nada más”.

La jornada inicia con un recorrido que bordea la laguna Toro hasta llegar al río que baja del glaciar, donde el dilema no es menor: vadearlo o cruzarlo en tirolesa. Por lo general, manda la naturaleza: si no está crecido (y eso sólo se sabrá al arribar al lugar), vadearlo es una buena opción. Aunque claro, la temperatura del agua es bajo cero, por lo que conviene tomar recaudos para que la mojada de pies no dificulte la continuidad de la caminata.

Tercera jornada, subiendo al paso Huemul. Atrás queda toda la masa de hielo que acompañó durante el día.
Tercera jornada, subiendo al paso Huemul. Atrás queda toda la masa de hielo que acompañó durante el día.

Superado el obstáculo, se asciende por una pendiente que bordea un glaciar, al que se cruza para llegar a otro, de mayor dimensión: el Túnel Superior.

La trepada deja a los caminantes sin aliento, y es el prolegómeno del Paso del Viento, unos 800 metros de subida en 4 kilómetros. “Después de algunas horas en subida, se puede ver una puerta… ¿Cómo? Realmente así se ve, es el final del camino escarpado y la “puerta” es la que te lleva directamente a la vista más imponente, en mi caso, de toda mi vida. Las dos grandes rocas a la izquierda y derecha que marcan el final de la subida crean esa ilusión”, cuenta Gonzalo.

Una hora más y se llega al punto del segundo campamento. A reponer energía, que todavía falta.

Falta poco para empezar a subir al paso Huemul, uno de los hermosos circuitos en El Chaltén.
Falta poco para empezar a subir al paso Huemul, uno de los hermosos circuitos en El Chaltén.
Magia

La tercera jornada está marcada por una compañía visual que se impone desde la majestuosidad: el glaciar Viedma.

Durante todo el recorrido, la imponente masa de hielo aparece a la izquierda, y su presencia tiene tal magnitud que cuesta concentrarse en el objetivo real de continuar la caminata hasta el punto siguiente.

Son horas de deleite y escasa dificultad, hasta que comienza la trepada al paso Huemul, y ahí el escenario cambia. Sin ahorrar belleza, la dificultad escala hasta que en un momento el sendero, que ganó altura, comienza un descenso técnico y pronunciado.

El magnífico e icónico Paso del Viento. En la foto, Gonzalo.
El magnífico e icónico Paso del Viento. En la foto, Gonzalo.

La playa de piedras de la bahía de los Témpanos, punto del tercer acampe, invita a sentarse y disfrutar, sacar fotos o filmar, matear y, si de aventureros se trata, darse un baño en el agua helada.

Todo tiene un final

La cuarta jornada es ideal para distender, transitarla sin apuro, recapitular acerca de lo vivido en las etapas anteriores.

“Es para disfrutarlo sin apuro. Desde lo visual es el día menos imponente, pero es el que te permite procesar lo que viviste los últimos días. Es un día que te dice: “¿Viste lo que fue esta locura?”, concluye Tomás.

Una parte del recorrido transcurre sobre el magnífico glaciar Túnel.
Una parte del recorrido transcurre sobre el magnífico glaciar Túnel.

Un punto destacado antes de llegar a la meta, el estacionamiento que está a unos 17 kilómetros del campamento bahía Túnel, es la rompiente del Glaciar Viedma. La vista merece unos minutos de contemplación y deleite.

Y cuando parece que todo está por terminar, una nueva cruzada por tirolesa. Y la llegada, con obvio cansancio, pero la satisfacción de haberse adentrado en un recorrido mágico de El Chaltén, en nuestra Patagonia profunda.

Gonzalo Pontiggia (atrás) y Tomás Torres (adelante) sobre el glaciar Túnel, en su aventura por El Chaltén.
Gonzalo Pontiggia (atrás) y Tomás Torres (adelante) sobre el glaciar Túnel, en su aventura por El Chaltén.