En un remolque adaptado recorren los mejores lugares para esquiar en el Sur argentino. Son los mendocinos Bruno Brachetta y Jonathan Venturini, y los helvéticos Samuel Aubert y Laurent Bernhard.

Speed Riding en la ladera del volcán Villlarrica, Chile. (Foto: Fotón Producciones)
Speed Riding en la ladera del volcán Villlarrica, Chile. (Foto: Fotón Producciones)

Parte II. Por Laurent Bernhard

En Esquel, un pueblo al pie de las montañas, está la estación La Hoya, un hermoso centro de esquí ubicado, como su nombre lo indica, en una olla rodeado de montañas. Goza de un microclima frío donde la nieve se mantiene firme y seca durante varios días, algo raro en la zona central de la Patagonia. Unas rápidas caminatas nos dan acceso a varias caras escarpadas muy hermosas.

Encinté el bastón a mi yeso y comprobé que es posible esquiar, con la única condición de no caerme porque podría lastimarme seriamente y romper el resto de mi brazo.

Los días de polvo son raros en los Andes porque los vientos fuertes transforman la nieve más rápido de lo que cae. A pesar de eso pudimos disfrutar de 2 o 3 días excepcionales.

Encontramos un bonito camping llamado La Colina donde dejamos nuestra casita azul. Los días de esquí y las noches de asado se fueron sucediendo.

¡Casi habíamos olvidado continuar nuestro viaje! Después de dos semanas por aquellas montañas, volvimos a la ruta con una pequeña parada en el pueblo hippie de El Bolsón, perdido en el medio de la Patagonia a pocos kilómetros de Bariloche. Llegamos a un refugio que abre camino hacia varias cumbres interesantes que dominan todo el valle.

Luego de un soleado día con hermosos descensos logramos plantar nuestra caravana nuevamente, pero en un campo algo fangoso. Algunas horas de maniobras para poder salir nos hizo optar por estacionar al lado del bar.

En el segundo intento subieron el volcán Villarrica para bajar esquiando. (Foto: Fotón Producciones)
En el segundo intento subieron el volcán Villarrica para bajar esquiando. (Foto: Fotón Producciones)

Dos días más tarde finalmente llegamos a Bariloche, el centro turístico más importante de Argentina.

En un día de cielo azul y nieve primaveral descubrimos este lugar lleno de turistas. Aproveché para intentar vender mis equipos de nieve, pero rápidamente Seguridad me sacó de ahí. Tuvimos la oportunidad de encontrar muchos viejos amigos de Mendoza y terminamos haciendo una gran fiesta con asado en el estacionamiento del centro de esquí.

El 12 de septiembre regresamos a San Martín de los Andes. Solo quedaban 180 kms para llegar, pero nos llevó dos días porque la belleza del paisaje de la ruta de los 7 lagos en modo verano nos hizo detenernos para nadar, hacer asado y vivac con vistas increíbles.

San Martín de los Andes es un pueblo a orillas de un lago con un centro de esquí llamado Chapelco, rodeado de varias montañas y circos empinados.

Tres semanas pasaron, sentí mi mano curada y me quité el yeso con la esperanza de que estén recuperados los huesos.

Reserva Huemules. PH: Fotón
Reserva Huemules. PH: Fotón

Decidimos volver a Mendoza pasando por Chile y sus volcanes. El 20 de septiembre cruzamos la frontera por el paso Puyehue. La Patagonia chilena es bien conocida por su clima inestable y muy húmedo. Nos gustaría subir el volcán Osorno, pero el temporal de nieve, viento y lluvia no ayuda.

Tomamos entonces ventaja del mal clima para manejar hasta Pucón, e intentar el Villarrica, un día para probar el ascenso al volcán más clásico del Sur de Chile. Aunque la ruta normal hacia el cono no es muy empinada, las condiciones climáticas cambian rápidamente y nos obliga a renunciar a 200 metros de la cima. Al día siguiente se dieron las condiciones perfectas con un clima estable y nieve primaveral. Desde la cumbre observamos la lava saltando e hirviendo como en una sartén con aceite.

Dos días más tarde acampamos al borde de la carretera y nos dirigimos al centro de esquí Corralco. Subimos el volcán Lonquimay, que no presenta dificultades y sí un panorama impresionante.

Al otro día con clima cambiante llegamos a los pies del volcán Antuco, con un aspecto mucho más virgen y salvaje. Esperamos una jornada más por los fuertes vientos y el 26 de septiembre intentamos el ascenso a la cumbre, una caminata de 1.800 metros de desnivel en un increíble paisaje. Llegando a la cima después de 4 horas de ascenso, la ardiente tierra en la cima humea. Es difícil imaginar que las piedras en su cráter están a 80° C y diez metros atrás hay nieve y un frío que hiela. Terminamos el último día de esquí con un largo descenso mágico con nieve primavera perfecta.

Tomamos la Panamericana de Chile, una autopista mucho más eficiente que del lado argentino. Por la tarde llegamos a Santiago, la gran capital. Dejamos la casilla en una estación de combustible abierta las 24 horas, para salir a celebrar el fin de nuestro gran viaje.

El 28 de septiembre pasamos la aduana argentina sin ningún problema y colocamos la caravana en su ubicación de construcción, en Puente del Inca, donde concluyó efectivamente nuestra aventura.