Ana María es jubilada y vive en Bahía Blanca. Corre maratones y entrena fuertemente para sustentar su pasión: la alta montaña.

En Kilimanjaro junto al guía mendocino Ulises Corvalán (segundo de izq. a der.) y otros miembros de la expedición.
En Kilimanjaro junto al guía mendocino Ulises Corvalán (segundo de izq. a der.) y otros miembros de la expedición.

Su nombre es Ana María Iogna. Es Licenciada en Bioquímica y Farmacéutica. Nació hace 66 años en Villa Regina, Río Negro, trabajó toda la vida como farmacéutica, tuvo su propia farmacia en Bahía Blanca, Buenos Aires, donde

actualmente vive y disfruta de su jubilación.

Reparte su tiempo entre reuniones sociales y culturales con amigos y clases de inglés. Pero hay una rutina que la desvela y que define su pasión, la forma de vida que decidió vivir: gimnasio y running tres veces por semana para estar en forma y así recorrer y subir montañas por todo el mundo, su sueño hecho realidad. A los 66 años.

“Hago senderismo de montaña desde hace once años. Un día fui a la montaña, me gustó y seguí. Para perfeccionar montañismo de altura empecé a correr, me compré una bicicleta para complementar”, señala con naturalidad Ana María en diálogo con CUMBRES.

También recibió instrucción en equitación cuando decidió realizar el Cruce Sanmartiniano. Pero insiste en que lo verdaderamente suyo es la alta montaña, y el resto de las actividades deportivas las despliega como perfeccionamiento para ese objetivo central.

Ana María participó de varias expediciones a Aconcagua, aunque todavía no logró hacer cumbre, siempre por factores meteorológicos. Sí tiene varias cimas en el cerro Vallecitos (5.475 m), en el cordón del Plata de Mendoza. Y en diversos volcanes como el San Francisco (6.016 m, Catamarca), Tromen (3.978 m, Neuquén), Lanín (3.776 m, Neuquén) y Champaquí (2.790 m, Córdoba).

En 2015 Ana María intentó subir a la cima de Aconcagua. Próximamente repetirá el objetivo.

Como una experiencia inolvidable recuerda Ana María sus pasos por el Campo Base del monte Everest (8.848 m, Nepal) en abril de 2017 y mayo de 2018, oportunidad en la que también estuvo en el monte Kala Patthar (5.643 m, Nepal). Y en julio pasado hizo cumbre en el monte más alto de África, Kilimanjaro ((5.895 m, Tanzania, guiada por el mendocino Ulises Corvalán).

Para afrontar a su edad estos desafíos Ana María desarrolla un entrenamiento basado en un trabajo interdisciplinario orientada por un verdadero staff de profesionales que incluyen Lic. en Psicología, Lic. en Nutrición, profesor de Educación Física para un trabajo físico-cognitivo y un preparador físico del equipo BBRT (Bahía Blanca Running Team), además del grupo de trekking “El Abra”. Cada vez que logra un objetivo Ana María exhibe las banderas que identifican a sus preparadores y grupos de amigos y trekking.

El plan no prevé parada alguna. Por estos días la excepcional deportista rionegrina entrena fuertemente para participar en noviembre de la Vuelta Lago Epecuén, una prueba pedestre de 60 kilómetros y para integrar una expedición al monte más alto de Europa, el Elbrus (5.642 m, Rusia) el año próximo.